ARTE Y CONTEXTO

Siete en punto

Y es que si de algo nos podemos agarrar para no querernos suicidar conceptualmente por como está el país, es del arte y de sus ejecutantes

OPINIÓN

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Julén Ladrón de Guevara/ Arte y contexto / Opinión El Heraldo de México

Desde hace un tiempo indefinido que parece eterno, Julián decidió que tendría que suicidarse a las siete en punto, tanto de la mañana como de la noche. Me explico. La primera vez que intentó acabar con su vida fue por la mañana, a las 7:00, pero se vio interrumpido por una mujer que tocó a su puerta de manera insistente para entregarle el desayuno, por eso tuvo que sobrevivir, otra vez, y esperar a que llegara la noche. Una vez marcadas las 19 horas en su reloj de pared, decidido como siempre, Julián trató de nuevo de llegar a su meta. Esta vez, su intento se vio frustrado gracias a una vecina que es prostituta, quien a esa misma hora recibió a su primer cliente con música estridente. Como el frustrado suicida se distrajo por el ruido, pospuso su misión para el día siguiente a la misma hora otra vez. De él sólo conocemos sus ganas de no estar vivo, su departamento decadente y lo que alcanzamos a ver del salón de la vecina de enfrente, la prostituta que lo aturde con su escándalo cada vez que tiene un nuevo cliente.

El barrio es también decadente pero bañado con una luz calientita que le da cierto carácter entrañable. Los objetos de la casa del suicida, los visitantes intermitentes, la prostituta que vive cruzando la calle y un reloj tan sucio como avejentado, son los que nos marcan el compás de ‘Siete en punto’, la ópera prima del joven cineasta Alejandro Cervantes Polanco. Este genial cortometraje fue seleccionado para ser proyectado por vez primera hoy mismo en Cannes, en el ‘Short film Corner’, que es la prestigiada muestra de cortos de dicho festival. ‘Siete en punto’ fue escrito por Alejandro y codirigido por él y por Enrique Ramírez Santillán, que además es productor junto con Sophia Exteberria. De esta pieza me llamaron mucho la atención algunos detalles que me gusta observar porque soy difícil de saciar en cuanto al arte se refiere, y en realidad son cosas sencillas pero complicadas de realizar.

En primer lugar, puedo decir que es un trabajo impecable: la dirección de cámaras nos regala planos complicados muy bien ejecutados, por ejemplo, los tiros de vista de Julián hacia el departamento y hacia la calle. En particular amé la vista del protagonista hacia la calle, porque logra unos escorzos* difíciles de solventar con ese nivel de composición y de estética. El diseño de luz es cálido, así que a pesar del tema nada de lo que verán será deprimente, además ayuda el que la música sea guapachosa, pero de todo esto lo que en realidad me fascinó fue el trabajo de edición. Resulta que a pesar de tener excelentes actuaciones y un trabajo arduo de preparación, si todo eso lo dejas en manos de un mal editor, tu trabajo podría colapsar. El editor es el que selecciona qué escena poner y cuánto tiempo debe durar, el ritmo mismo del filme y el lugar preciso donde se debe cortar. En fin, que en este caso la tijera sagrada estuvo en manos de de Pablo Sánchez Tarragó, que hizo una labor espectacular, logrando redondear el cortometraje que hoy nos representa a cada uno de nosotros en uno de los festivales más importantes del mundo.

En este trabajo todo se conjuntó con lo mejor que nuestro país tiene para ofrecer al respecto, porque entre otras cosas lindas, Alejandro tuvo el apoyo de estos monstruos de la foto en movimiento que creyeron en él y en este proyecto, que hoy pone el nombre de México en un lugar muy especial. ¿Ya ven? Por eso hay que apoyar a los jóvenes cuando quieren ser artistas, en vez de obligarlos a estudiar leyes para que tengan qué comer. Y es que si de algo nos podemos agarrar para no querernos suicidar conceptualmente por como está el país, es del arte y de sus ejecutantes. Y para que no se queden con las ganas, aquí les dejo un link para que vean ‘Siete en punto’ a la hora que prefieran, porque son 20 minutos divertidos que los adentrará en un mundo cotidiano y algo pinche, del que nos podemos escapar.

POR JULÉN LADRÓN DE GUEVARA
CICLORAMA@HERALDODEMEXICO.COM.MX
@JULENLDG

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