OPINIÓN

Tres tristes reformas

Si el programa del presidente se queda en estas tres reformas, difícilmente se puede hablar de una transformación

Jorge Andrés Castañeda / Colaborador / Opinión El Heraldo de México
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El presidente anunció que en la segunda mitad de su sexenio mandará tres reformas constitucionales. En estos tres años, enviará una reforma que lleve a nivel constitucional la visión anacrónica que tiene el presidente del sector eléctrico, una reforma electoral que elimine los diputados plurinominales junto con otros cambios al INE y una para transferir de forma definitiva el mando de la Guardia Nacional al Ejército. Sin la mayoría constitucional en la Cámara, Morena y sus aliados necesitarán de la oposición para pasar cualquiera de estas reformas.

Para la primera, la eléctrica, aún no se tienen detalles, pero hasta ahora sabemos que el gobierno busca llevar a la Constitución las reglas de despacho que intentó imponer con un decreto y la Ley de la Industria Eléctrica pero que fueron revertidas en tribunales. El primer gran obstáculo que enfrentará esta reforma serán los votos. Es casi un hecho que PAN, PRD y MC se opondrán, por lo que Morena y sus aliados necesitarían los votos del PRI. Sería de un cinismo inédito que el PRI votara para revertir la reforma estrella de EPN, pero en este país todo puede pasar. El segundo gran obstáculo de esta reforma es que desencadenaría una serie de litigios internacionales amparados por el TMEC y otros tratados internacionales. Las empresas que invirtieron bajo el esquema actual no han buscado estos mecanismos hasta ahora porque los juzgados mexicanos han frenado las acciones del gobierno, pero ante una reforma constitucional no les quedaría otra opción.

La segunda, la electoral, nace prácticamente muerta. Para desparecer a los diputados plurinominales - creados por la reforma de Reyes Heroles en 1977 - el gobierno necesitaría no solo conseguir votos de la oposición, sino asegurarse que sus aliados no lo abandonen en esta. Los partidos más perjudicados serían sus propios aliados (el PT y el PVEM) que hoy tienen bancadas importantes, pero prácticamente no ganaron ningún distrito. El presidente usará posiblemente esta derrota para recrudecer sus ataques a la oposición y al INE, pero no llegará más lejos que eso.

Finalmente, está la reforma a la Guardia Nacional. Esta reforma solo busca plasmar en la Carta Magna lo que ya es en hecho: la seguridad pública en México está y estará en el futuro al mando de los militares. A diferencia de las dos anteriores, esta si es posible que sea aprobada. La popularidad de las F.F.A.A. y la popularidad de la militarización más allá de círculos académicos y activistas -lo cual es una desgracia- hará muy difícil que la oposición se enfrente al presidente en este tema. Finalmente, es algo que PAN PRI y Morena han defendido. Es la culminación de la militarización que inició Calderón, trato de hacer ley Peña y, ahora, AMLO sube a la Constitución.

Si el programa del presidente se queda en estas tres reformas – una con graves consecuencias económicas e internacionales, una que nace muerta y otra que no es más que la culminación de las políticas de Calderón y Peña- difícilmente se puede hablar de una transformación.

brc