UN MONTÓN DE PLATA

Los retos de Ramírez de la O

Tiene al menos cuatro desafíos prioritarios, y prejuzgar que no puede atenderlos es inadecuado. Es una persona capaz y conocedor de sus temas

Carlos Mota / Un montón de Plata / Opinión El Heraldo de México
Escrito en OPINIÓN el

En ciertos círculos de negocios se está sobre simplificando el rol que tendrá el próximo secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O

Personas que trabajan en el sector financiero, y que se manifiestan notoriamente contra el gobierno, lo dicen abiertamente estos días en sus conversaciones, y lo difunden en sus grupos de chat: únicamente servirá para garantizar el dinero requerido por el presidente Andrés Manuel López Obrador para sus obras icónicas. No sabrá decirle que no, afirman. 

Pero Ramírez de la O tiene al menos cuatro desafíos prioritarios, y prejuzgar que no puede atenderlos es inadecuado. Es una persona capaz, conocedor de sus temas. 

El primero es garantizar un diálogo propositivo con la sociedad de cara a la reforma fiscal que deberá cabildear. 

Si bien Arturo Herrera hablaba de que sólo habría adecuaciones al marco regulatorio para facilitar las contribuciones, y no nuevos impuestos, De la O podría ampliar el alcance de la reforma para desregular la economía en su conjunto, algo de lo que nadie habla, pero que urge, para mantener la agilidad ganada en el crecimiento con el rebote, tras la pandemia. 

¿Quieren crecimiento veloz? Quiten todas las trabas a los negocios. 

El segundo es garantizar un crecimiento estable con finanzas públicas sanas y con un endeudamiento prudente. 

Este reto no reviste complejidad, porque Herrera le dejará la calificación de deuda soberana en grado de inversión. No obstante, sí es un tema que deberá vigilar a diario, para que la proporción de deuda a PIB nunca rebase límites que pusieran dubitativos a los inversionistas. 

En este sentido, el ritmo permanente de la recaudación fiscal y la salud de Pemex se vuelven también fundamentales. 

El tercer reto es la inyección de un carácter mucho más ambicioso a las facultades regulatorias de hacienda sobre el sector financiero. 

Dos industrias merecen especial atención: la del mercado de valores, donde existe la gigantesca oportunidad de socializar la propiedad de las empresas gubernamentales a través del mercado de capitales (algo muy atrevido, pero no imposible, Lula ya lo hizo en Brasil con Petrobras), así como estimular las ofertas primarias de empresas privadas ante la sequía perenne del mercado. Y la de seguros, ampliamente olvidada por el regulador y cuyos jugadores hacen lo que se les pega la gana sin que la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas se moleste en supervisarlos bien. 

Y el cuarto es otorgar garantías y certeza a la inversión, algo que debió escuchar con mucha atención Ramírez de la O el jueves, tras la reunión de AMLO con el Consejo Mexicano de Negocios. 

Sin este último pilar el sexenio terminará mal. Y para garantizarse éxito sólo tendrá unos meses. Si inicia 2022 sin haber cambiado el ánimo prevaleciente al respecto, todo estará perdido en la materia hasta el próximo gobierno.

POR CARLOS MOTA

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