Volver a casa

Al haber llegado mi mudanza a México, siento que finalmente he vuelto a casa, a mi hogar, a mi ciudad, a mi país, a mis raíces

Volver a casa
Martha Bárcena Coqui / Misión Especial / Opinión El Heraldo de México

La experiencia de la vida diplomática y las maravillosas personas y culturas que conocí me acompañarán toda la vida y enriquecieron a mi familia y mi persona. Volver a casa es un sentimiento insustituible. Cuidemos nuestra casa, México, porque es la única que tenemos.

El viernes pasado, tres meses después de concluir mi misión como Embajadora de México ante Estados Unidos y dejar Washington, llegó mi mudanza. Al fin, después de 17 años fuera, había vuelto a casa, a mi hogar, a mi ciudad, a mi país, a mis raíces. La experiencia diplomática me enriqueció como persona y como profesional y facilitó conocer otras culturas, personajes inolvidables tanto de la comunidad mexicana, como de los países en los que viví.  Nunca olvidaré a Lupita Lee, la decana de la comunidad mexicana en Hong Kong, quién se casó, muy joven, con un diplomático chino y cuando llegó a China, descubrió que era la segunda esposa. Vivió durante años en Malasia. Tuvo una vida difícil, pero su generosidad hacia todos los mexicanos que llegaban a Hong Kong era inconmensurable. Conocer a Varol Dereli, cónsul honorario de México en Estambul durante años, fue un privilegio. Su amor por México y su dedicación a ayudar a todo mexicano que se encontrara en problemas en ese país, son inolvidables.

El recuerdo de haber conversado personalmente con los papas Juan Pablo II y Francisco y con el gran compositor Arvo Pärt, es indeleble.  Al igual que platicar con el escritor danés Ib Michael, quien no sólo habla español, sino también maya y con Una Canger, una de las más reconocidas nahuatlatas en el mundo. Como familia enfrentamos el reto de adaptarnos a cada país al que nos enviaron a servir a México, pero también nos facilitó educar a nuestras hijas en la tolerancia.

Dado que mi esposo era también diplomático de carrera, pedí una licencia para seguirlo a Hong Kong e Irlanda. Cuando ambos fuimos embajadores y Mercedes y Martha se fueron a la universidad, vivimos separados cerca de doce años.

Lograr mantener un hogar y una familia unida fue un reto. Estar lejos de lo que uno más quiere no es fácil y la añoranza se transforma en muchas ocasiones en la idealización de lo que hemos dejado atrás.  Si el equilibrio entre la vida familiar y personal y la vida profesional es siempre un desafío, en la vida diplomática lo es más aún. Sin duda ofrece oportunidades insustituibles, pero también momentos muy dolorosos: no poder llegar a tiempo a despedirte de tus seres queridos. Así me sucedió en el caso de mi abuela, de mi padre, de mi suegra, de uno de mis hermanos. Se queda un hueco en el corazón que nunca puedes llenar. Como escribió José María Pérez Gay: El difícil oficio de estar lejos.

Volver a casa trajo consigo una cascada de recuerdos, emociones, imágenes, que me acompañarán toda la vida.

Volver a casa, a México, saber que mi casa será hasta el fin de mis días este maravilloso país, estar cerca de mi familia y mis amigos es un sentimiento insustituible. Por eso, hay que cuidar la casa, porque es la única que tenemos.

Por MARTHA BÁRCENA COQUI

MARTHA.BARCENA@ELHERALDODEMEXICO.COM 

@MARTHA_BARCENA

dza

 


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