Ocultar un desorden, o un temor

Morena no cuenta con la fuerza, más allá de la popularidad de AMLO, para contender con eficacia en las elecciones intermedias, sobre todo en el ámbito local

Ocultar un desorden, o un temor
Alejandro Poiré / Colaborador/ Opinión El Heraldo de México

El asalto de Morena contra el INE no es completamente nuevo, ni exclusivo de este instituto político. A lo largo de nuestra historia democrática, muchos partidos han rondado la frontera de lo legal en sus amagos contra la autoridad electoral. Así lo hizo en su momento el PRI cuando exigía –infructuosamente– que se le “renegociara” la deuda de sus multas por el Pemexgate hacia el año 2005. También en aquella época adoptó actitudes similares el Partido Verde cuando se le impusieron cambios —que acabaron siendo cosméticos— a su estatuto interno. Y por supuesto quien ha perfeccionado esa estrategia fue el PRD y su otrora candidato o dirigente, Andrés Manuel López Obrador, cuando una y otra vez prometió mandar “al diablo las instituciones” del orden legal mexicano cada vez que sus definiciones le afectaban, y sin importar si la evidencia le favorecía.

Lo que sí es enteramente nuevo, y profundamente peligroso, es que esta estrategia se ha convertido en la lógica central de la campaña del partido gobernante, y del propio Presidente de la República. Una cosa es enfrentar una decisión del INE por medio de los propios cauces legales, protestar incluso si no se coincide y acatar la resolución del Tribunal reconociendo la legitimidad de la misma. Pero otra muy distinta es, como lo estamos atestiguando, que desde la mayoría legislativa y el liderazgo del Ejecutivo, el partido en el gobierno haga de la amenaza a la autoridad electoral y a sus integrantes en lo particular, la causa esencial de su oferta política.

A eso atiende el llamado reciente de Lorenzo Córdova, quien ante la polarización e intolerancia del discurso enarbolado por el presidente de Morena, pero arropado por AMLO y su secretaria de Gobernación, señaló: “Expresiones como debe morir, debe extinguirse (en referencia al dicho de Mario Delgado sobre el INE)… evocan las peores experiencias recientes de la historia de la humanidad y son producto no de la polarización, sino de la intolerancia que adereza la polarización”. Coincido con su llamado, y por ello es importante explicar qué está detrás del lance morenista.

La razón detrás de esta absurda polarización es doble. Por un lado, es la de un coro de oportunistas que se suman a la señal de un líder populista e iliberal, que se interpreta a sí mismo como único portavoz legítimo de un pueblo que enfrenta a una élite corrupta. La Cuarta Transformación y sus allegados son desde esa perspectiva la reencarnación de una élite autoritaria que gobernó a México la mayor parte del siglo pasado y hace su mejor esfuerzo por borrar nuestro incipiente y maltrecho pluralismo.

Pero el otro lado de este lance tan profundamente autoritario pudiera ser simplemente la estrategia de un liderazgo partidario rebasado en su desorden interno. La queja central de Morena ante la autoridad electoral es porque el INE revocó decenas de candidaturas —entre ellas la de Salgado Macedonio— simple y llanamente porque no cumplieron con los requisitos legales más elementales —como entregar informes de gastos de precampaña. Y uno se pregunta, ¿pues entonces para qué es el dinero que cada mes se le deposita a las dirigencias partidarias incluso fuera de tiempos de campaña, si no es para que tengan una organización permanente que les permita al menos cumplir estos ordenamientos?

Bromeaba yo después de la elección de 2018 pensando que el triunfo de Morena había sido tan grande, y tantas candidaturas habrían sido el resultado de tómbolas, que tendría dificultad la coordinación parlamentaria incluso para contactar a algunos de los diputados electos, que ni sus celulares tendrían. Pero tres años después, con el más alto presupuesto del INE, y sendas mayorías en ambas cámaras, no hay pretexto para este desaseo. En la estrategia de protesta, además de que luce el talante autoritario de una fuerza política que cada vez más renuncia a toda pretensión democrática, destaca la ineptitud o desinterés de un equipo político por consolidar su propia organización.

Y ello, de hecho, sugiere que Morena no cuenta con la fuerza, más allá de la popularidad de AMLO, para contender con eficacia en las elecciones intermedias, sobre todo en el ámbito local. Es decir, más vale desacreditar por completo a la autoridad, porque en casa tienen un desastre. Si esta hipótesis tiene algo de cierta, se abren espacios para distintas fuerzas opositoras para darle la vuelta a los tableros electorales –como parece estar ocurriendo en Nuevo León. Así que quizá aún veamos muchas sorpresas de aquí al 6 de junio, que se ocultan detrás del peligroso berrinche autoritario de Morena.

POR ALEJANDRO POIRÉ
DECANO CIENCIAS SOCIALES Y GOBIERNO TECNOLÓGICO DE MONTERREY
@ALEJANDROPOIRE

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