Retrato presidencial

En su reciente libro, Leonardo Curzio y Aníbal Gutiérrez hacen el retrato hablado del presidente López Obrador

Retrato presidencial
Verónica Ortiz / Ventana Política / Opinión El Heraldo de México

Cruzamos ya el primer tercio del sexenio y la administración lopezobradorista se ha convertido en la gestión de un solo hombre. No estamos volviendo al régimen de partido hegemónico, sino a la restauración del presidencialismo más exacerbado. Como nunca en las últimas décadas, la concentración de poder en la figura presidencial pone el foco en la personalidad que ocupa el cargo.

En su reciente libro*, Leonardo Curzio y Aníbal Gutiérrez hacen el retrato hablado del presidente López Obrador.  Con rigor académico exponen su formación intelectual y desglosan la agenda legislativa y política desplegada por el Ejecutivo, cuyo proyecto económico y social ha empujado a rajatabla, aún a costa de la propia administración pública federal.

Para los autores, tres cosas destacan en los primeros dos años de gobierno lopezobradorista, auto elevado al nivel de gesta comparable a los momentos fundacionales de la República.

En primer lugar, la caída sin precedente reciente en la actividad económica, iniciada en el 2019 y acentuada por la pandemia y el confinamiento en 2020. En segundo lugar, una exitosa reorientación del gasto público hacia sectores menos favorecidos, en detrimento de las clases medias que también han visto caer su poder adquisitivo y sus fuentes de empleo. Por último, una gestión popular (cuya aprobación se mantiene en los 60%) y cercana a la gente, pero que, “igual que el pueblo sabio, reproduce esa cultura anticientífica, patriarcal y condescendiente con las mujeres”, alejado y displicente de cualquier sofisticación cosmopolita.

Sin embargo, no obstante su indiscutible victoria y el ánimo renovado que imprimió en el electorado, a dos años de distancia “el alma nacional no ha encontrado calma”. El presidente sigue obsesionado con el pasado y sus adversarios. Las conferencias mañaneras se han convertido en catalizador de agravios y cobro de afrentas no olvidadas. “Cuando se trata de acusar -dice Curzio-, AMLO es un hombre sin matices”.

Así lo perciben diariamente empresarios, intelectuales, periodistas, lideres de opinión, abogados. Nadie, en su visión, tiene autoridad moral para cuestionarlo y quien lo hace obedece a intereses corruptos y traidores. La lista crece y el linchamiento también. Pronto no quedará nadie a salvo y este comportamiento del presidente refuerza el carácter autocrático de su personalidad. Desde Luis Echeverría no se veía un discurso tan divisivo y clasista. Como pocas cosas, la polarización alentada desde el poder puede envenenar el futuro del país. Una ruta muy peligrosa.

Como mencionan los autores, “la democracia no llegó a México de la mano de AMLO, él llegó, con todo merecimiento, por esa vía”.  En las elecciones de junio próximo veremos si dicha vía democrática se consolida o avanzamos un peldaño más en la restauración de la presidencia imperial.

*“El Presidente”, Edit. Grijalbo.

POR VERÓNICA ORTIZ
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@VERONICAORTIZO
 

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