Codicia la de la CFE, Tula, Dos Bocas y el Tren Maya

Hay negligencia al insistir mantener procesos arcaicos, los cuales generan más combustóleo que gasolina y tienen un alto costo en la polución del país

Codicia la de la CFE, Tula, Dos Bocas y el Tren Maya
Verónica Malo Guzmán / Tres En Raya / Opinión El Heraldo de México

¿Quién es el codicioso? Frente a la acusación de López Obrador: “ante la codicia de quienes destruyen la naturaleza para generar riqueza a cualquier costo, se pondrá orden y tomará decisiones más estrictas”, valdría ponerle un espejo.

Honestamente, ¿qué puede decir sobre las obras, acciones y omisiones que están destruyendo los recursos naturales de nuestro país y tienen un altísimo costo para las generaciones presentes y futuras?

Bastaría mencionar tan solo la decisión de producir energía eléctrica con carbón y combustóleo; dos de los peores contaminantes de todos los tiempos. Su quema llevará a nuestro país a niveles de contaminación pocas veces vistos y generará enfermedades respiratorias en miles de personas. Adicionalmente, la refinación vieja y vetusta llevada a cabo en las refinerías de Tula y Salamanca resulta nociva para la salud.

Hay negligencia al insistir mantener procesos arcaicos, los cuales generan más combustóleo que gasolina y tienen un alto costo en la polución del país. Tan solo el domingo, la calidad del aire en la Ciudad de México fue cuatro veces mayor a la peor conocida desde que se mide la calidad del aire en la capital mexicana.

El enemigo de las energías limpias aterriza su codicia en la ley de la industria eléctrica y en la iniciativa sobre la reforma a la Ley de Hidrocarburos. Dichas leyes inician con una mentira. En ningún caso se mejorará la producción de derivados del petróleo. Serán, eso sí, procesos más caros y más contaminantes.

Sobresale la propensión por tornar todo en un páramo. Como es el caso del programa “Sembrado Vidas”, que en realidad debería llamarse sembrando muerte. Desde iniciado, ha desaparecido 72,830 hectáreas de selva y bosque, pues los pobladores las arrasaron para poder tramitar el apoyo ofrecido por el programa.

La avidez por hacerse de los fideicomisos y sus fondos, siendo el FONDEN el más importante, han dejado sin recursos a programas necesarios para enfrentar desastres naturales y también para coadyuvar a los guardianes forestales a mantener sin hojarasca y basura a nuestros bosques. Hoy, esta ambición a resultados en miles de hectáreas quemadas de bosque.

Ni qué decir del Tren Maya, ese para cuya edificación no se tiraría árboles, lleva más de 11,000 derribados (información oficial) tan solo en la primera etapa. Mientras que Dos Bocas asola el ecosistema, pues ha arrasado con cientos de miles de kilómetros de áreas naturales, ecosistemas de aguas costeras y poco profundas. Los árboles de esta zona capturan de tres a cinco veces más carbono que la flora continental y protegen contra las tormentas e inundaciones causadas por el cambio climático.

Cabe mencionar, también, que hay estudios elaborados por Pemex y el Instituto Mexicano del Petróleo, los cuales señalan que Dos Bocas se inunda y debería haberse convertido en zona natural protegida tanto por los manglares como por los animales que ahí habitaban. Pero la codicia de construir ahí una refinería fue mayor a cuidar al medio ambiente.

La avaricia es sello de la 4T y por ello no deja que crezca nada y solo destruye, asola. Recuerda al Mar Muerto, aquel mar que engulle toda el agua de los ríos que en él desembocan, para no arrojar nada a cambio. Esta administración federal, por querer tenerlo todo, tampoco produce vida.

La codicia de Andrés Manuel erosiona y seca los pocos ecosistemas que aún tiene el país. Su avaricia mata al país y, al final, seremos solo dueños de un páramo, de un desierto desolado.

Por VERÓNICA MALO
VERONICAMALOGUZMAN@GMAIL.COM

jram


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