Siria: 10 años de fractura

En una década, se cuentan alrededor de 500 mil muertos, 12 millones de desplazados, y unos cinco millones y medio de refugiados

Siria: 10 años de fractura
Marta Tawil / Agenda Levantina / Opinión El Heraldo de México

El pasado domingo, en la provincia de Alepo, Siria, murieron al menos siete civiles, entre ellos un menor, por el impacto de seis proyectiles lanzados por las fuerzas leales al presidente Bashar al-Asad contra un hospital situado en una zona bajo control rebelde. Cinco días antes se cumplieron 10 años del inicio de la sublevación popular y pacífica contra el régimen. La gente salió a las calles en zonas con mayoría árabe sunita (65 por ciento de la población siria) y kurda, pero también en zonas mixtas o en ciudades con mayoría drusa. Cerca de 75 por ciento del territorio sirio llegó a escapar del control del régimen entre 2013 y 2016. 

La violencia fue la única respuesta de Damasco, desde el primer día del levantamiento popular. Tras 10 años, se cuentan alrededor de 500 mil muertos, más heridos, 12 millones de desplazados (más de la mitad de la población), y aproximadamente cinco millones y medio de refugiados. Un tercio de las escuelas ha sido destruido o requisado por los combatientes; sólo la mitad de los hospitales funciona, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Aproximadamente 70 por ciento del personal médico murió o huyó. La agricultura a duras penas sobrevive. 

Tras 30 años de gobierno, Hafez al-Asad “heredó” el poder a su hijo en el verano del año 2000. Bashar sigue los pasos de su padre: se apresta a un cuarto mandato de siete años. Pero gobernará sin soberanía. Aproximadamente 65 por ciento del territorio sirio está bajo control de Moscú y Teherán.

 Lo mismo ocurre con la mayoría de las fronteras sirias. Las tropas turcas y estadounidenses se despliegan en 35 por ciento restante para, respectivamente, apoyar a grupos de oposición y a las milicias kurdas. Israel, por su parte, ocupa el Golán y bombardea a los combatientes de Hezbolá en la frontera sirio-libanesa. 

Asad ni siquiera puede ejercer control sobre su Ejército. Éste se fragmentó: su toma de decisiones se percibe cada vez más descentralizada; los actores de la seguridad se han multiplicado y sobre todo Rusia goza de injerencia en el nombramiento de oficiales superiores, comandantes de unidad y comandos de los servicios de inteligencia sirios. 

Por su parte, las oposiciones sirias han perdido voz. La represión del régimen, la violencia de diversos actores, así como la falta de liderazgo y representatividad contribuyeron a su debilitamiento dentro del país. Se observa un nuevo tipo de movilización de los sirios, a través de los juicios en curso en Alemania contra los crímenes de lesa humanidad. A esos sirios, con el arma de toda la documentación que en tiempo real han acumulado sobre los crímenes del régimen y diversos grupos, corresponderá ganar la guerra narrativa contra la impunidad y el olvido.

Por MARTA TAWIL.
INVESTIGADORA DE EL COLMEX
ORBE@ELHERALDODEMEXICO.COM

rcb


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