COLABORADORA

Crisis compartida

Muchos menores viajan solos y son vulnerables a ser víctimas del crimen organizado y grupos de trata

OPINIÓN

·
Lila Abed/ Colaboradora/ Opinión El Heraldo de México

Surge otra crisis en ambos lados de la frontera entre México y Estados. La cantidad de niños migrantes no acompañados ha aumentado desde que inició el año, y los dos países se encuentran envueltos en una crisis humanitaria sin precedente.

El muro fronterizo del expresidente Trump fue el eje mediático de su política migratoria, pero su verdadero legado fue la implementación del Título 42 de la Ley de Servicio de Salud Pública en marzo de 2020, otorgándole poderes extraordinarios a las instituciones de salud para limitar la transmisión de una enfermedad infecciosa.

Desde entonces, los migrantes y niños no acompañados que llegan a la frontera con Estados Unidos han sido expulsados rápidamente bajo esta orden. Según datos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP), en el trascurso de enero, cinco mil 871 niños no acompañados cruzaron la frontera, un aumento de casi 20 por ciento frente a los cuatro mil 995 que lo hicieron en diciembre.

Las instalaciones de las autoridades fronterizas fueron construidas originalmente para detener a hombres migrantes y no cuentan con las condiciones adecuadas para atender a los menores. Los niños y adolescentes no tienen suficiente comida, se bañan solo pocas veces a la semana y muchos no han podido contactar a sus familiares.

En lo que transcurre de marzo, la llegada de menores centroamericanos sigue incrementando. El gobierno de Biden ha revertido la mayoría de las medidas migratorias adoptadas por la administración de Trump, pero ha mantenido el Título 42 por la pandemia.

El presidente estadounidense ha instruido a la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias a que apoye a las autoridades fronterizas a recibir, albergar y transportar el número de niños migrantes no acompañados que llegan a la frontera sur durante los próximos 90 días.

Los migrantes tienen la esperanza que con la llegada de Biden al poder, sus posibilidades de entrar a Estados Unidos son mayores. Sin embargo, el gobierno estadounidense ha informado, que aún cuando ha procesado a migrantes bajo el programa de Permanece en México y están reformando el sistema de asilo, que no están las puertas abiertas en la frontera.

La Casa Blanca ha evitado calificar la situación como una emergencia nacional, pero esta crisis podrá convertirse en un arma política para que los republicanos rechacen la reforma migratoria integral que presentó Biden al Congreso.

En México, tanto el gobierno como los albergues están rebasados por la cantidad de niños migrantes que han sido expulsados en territorio nacional.

Muchos menores viajan solos y se encuentran vulnerables a ser víctimas de robo, violación, abuso sexual, secuestro, recluidos por miembros del crimen organizado y grupos de trata de personas. Como parte de su respuesta, el gobierno mexicano ha acelerado las redadas para deportar a los migrantes a sus países de origen, la mayoría provenientes de Centroamérica.

El gobierno necesita una estrategia contundente. La crisis sanitaria y económica impulsará que la migración de mexicanos y centroamericanos hacia Estados Unidos se incremente considerablemente. No solo se vale festejar las remesas, se tienen que proteger y asegurar los derechos humanos de los migrantes en el país.

POR LILA ABED
POLITÓLOGA E INTERNACIONALISTA
@LILAABED

maaz