Amanecer en el Ajusco… sólo con buenos amigos

Durante los días previos empecé a dudar.  ¿Al despertarme a las 4:00, no estaría demasiado agotada?  ¿El frío sería intolerable para mi?  ¿No sería peligroso el Ajusco a esa hora?

Amanecer en el Ajusco… sólo con buenos amigos
Laura Gerdingh/ Colaboradora/ Opinión El Heraldo de México

Muchas veces al subir al pico del águila, veía excursionistas bajando.  Habían ido a disfrutar el amanecer, obviamente mi alma aventurera deseaba hacerlo también.  Se lo comenté a un par de amigos que conocen bien la ruta. Les encantó la idea. Acordamos una fecha. Empezaríamos el ascenso a las 5:00 para estar en la cumbre al amanecer

Durante los días previos empecé a dudar.  ¿Al despertarme a las 4:00, no estaría demasiado agotada?  ¿El frío sería intolerable para mi?  ¿No sería peligroso el Ajusco a esa hora? ¿No sería complicado caminar en la oscuridad? Empecé a asustarme “Pero qué cosas se me ocurren” Una cosa es ser aventada y otra ponerme en riesgos.

Escuché mi miedo y me protegí.  Para no pasar frío llevaría equipo de y té caliente.  Necesitaba un buen thermo.  Había visto uno en mi casa pero jamás lo había usado.  Un par de días antes lo probé, funcionó perfecto.  ¡Cuántas veces tenemos recursos que ni sabemos que tenemos y que por lo tanto no aprovechamos! Compré pilas para mi lámpara y la probé para asegurarme de que tendría buena luz. Invité a Arturo a que durmiera en mi casa, para él sería mas cómodo y yo me sentiría acompañada.

No quería manejar a las 4:30 de la madrugada por la carretera al Ajusco y le pedí a Alex si podía pasar por nosotros. Muy amablemente aceptó. El y su amiga Emma pasarían por nosotros.  En la montaña es central ir con buenos compañeros.  Alex nos contó que fue la tarde anterior a preguntar a los lugareños por la seguridad a esas horas y para checar detalles de logística.  Como él era el guía nos cuidaba.

Les comenté de mis temores,  me aseguraron que es bueno tener miedo, así te cuidas. Mis temores se disiparon.  Caminar en la oscuridad resultó hermoso.  El silencio llenaba de paz. Al levantar la vista mi lámpara iluminaba las ramas de los árboles generando un verdadero espectáculo. A mi cuerpo le estaba costando trabajo estabilizarse.  Necesitaba tomar suero, pero no llevaba, Arturo generosamente me compartió del suyo.  A partir de ahí pude caminar sin problema. 

El como es buen amigo también me cuida. En realidad todos nos cuidamos a todos. Cuando llegamos a cierta altura pude apreciar un paisaje inédito para mi, el bosque obscuro y abajo la ciudad centellante con sus eternas luces. Suspiré tratando de que esa belleza entrara en mi como el aire que respiraba.  

Alrededor de  las 6:40 el sol empezó a anunciar su majestuoso despertar.  Pintando el cielo de bellísimos tonos generando un etéreo paisaje.  Faltaban unos 30 minutos para llegar a la cumbre.  Empezamos a apretar el paso para llegar justo al amanecer.  Yo no podía caminar y apreciar el paisaje, decidí detenerme y disfrutar ese momento que no volvería. Estar de pie en silencio a media montaña frente a lo sublime de la naturaleza, me llenó el alma. 

Obviamente sola jamás habría hecho tal excursión.  Así al llegar a la cumbre les agradecí.  Me sorprendí mucho cuando Emma me contestó “Gracias a ti por pensar en este plan” Arturo y Alex se unieron al agradecimiento. Alex comentó que en todos los años que lleva de guía nunca se le había ocurrido hacerlo. 

Entonces me di cuenta de que yo sólo veía lo que ellos me aportaron, su experiencia y conocimiento, la compañía y amistad que me dieron seguridad y finalmente la posibilidad de ver el amanecer en el Ajusco... pero ellos generosamente me regalaron ver lo que yo les aporté a ellos. Es muy lindo reconocer lo que otros hacen por nosotros y ser agradecido, pero es muy lindo también hacerlo con uno mismo.

POR LAURA ELENA GERDINGH
PSICOTERAPEUTA
@LGERDINGH

 

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