DESDE AFUERA

Una nueva/vieja relación

El nombramiento de Ken Salazar como embajador de Estados Unidos en México y sus primeros pasos en nuestro país son significativos

OPINIÓN

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José Carreño Figueras / Desde Afuera / Opinión El Heraldo de México

La llegada del embajador Ken Salazar a México podría considerarse como una hábil campaña política.

Porque eso es Salazar. El enviado estadounidense no es un diplomático, como lo fueron Roberta Jacobson, Tony Wayne, Jeff Davidow o Carlos Pascual, ni tampoco personaje de confianza del Presidente de EU, como Antonio Garza.

Salazar es un político con fuerza propia, que sirve como enviado de otro político, para ofrecer de hecho un trato político a una relación que combina la diplomacia y la grilla doméstica en los dos países. En otras palabras, su trabajo es restablecer equilibrios.

En ese sentido, el nombramiento de Salazar y sus primeros pasos en México son significativos.

Cuando el presidente Joe Biden llegó al poder ofreció, entre otras cosas, regresar a la diplomacia y  el diálogo con sus aliados. Ciertamente Biden ha tenido descalabros, como las formas del retiro de Afganistán y el golpe a sus relaciones con Europa, en lo externo, y tropiezos como el estrangulamiento que, por motivos ideológicos mantiene el senador republicano Ted Cruz (Texas) en la confirmación de nuevos embajadores.

En los primeros nueve meses del año, sólo dos embajadores han sido confirmados: Linda Greenfield, la representante ante Naciones Unidas, y Ken Salazar, en México. Y esa confirmación es significativa. Tal vez porque Salazar fue senador y secretario del Interior, puede acercarse con mayor facilidad a quienes fueron sus colegas. O un reconocimiento a la creciente importancia de los hispanos —que son 60 por ciento de origen mexicano— en Estados Unidos.

O puede ser también que consideren prioritario el acercamiento con el gobierno de México, en la frontera más complicada para sus problemas de política doméstica: migración, narcotráfico, comercio. Y es importante que los estadounidenses y su aparato político vean mas allá de esa línea, porque los problemas son más profundos, como la pobreza en el sureste.

Uno de los propósitos, abiertamente presentado, es el de reanudar el diálogo bilateral, interrumpido a la llegada de Donald Trump al poder, y restablecido ahora con las reuniones de Alto Nivel de temas económicos, en septiembre en Washington, y de seguridad, hace una semana en la Ciudad de México.

La apertura mostrada ante las propuestas del gobierno mexicano para el establecimiento de nuevos marcos de referencia no son accidente, ni necesariamente acuerdo total.

De hecho, esos marcos están en proceso de ser rellenados, convenidos e interpretados. Hay una rica historia de acuerdos pragmáticos entre los dos países, y esos no se logran en debates acrimoniosos. Es significativo que el marco para los temas de seguridad se llame "Entendimiento Bicentenario".

Como nos dijo Salazar, no es posible que los desacuerdos interrumpan los otros temas fundamentales. Y eso tampoco es nuevo. Pero antes se le llamaba el acuerdo en estar en desacuerdo o aislar problemas para no contaminar el resto de la relación.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS.
JOSE.CARRENO@ELHERALDODEMEXICO.COM 
@CARRENOJOSE1

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