El estancamiento y la esperanza

Hay la posibilidad de una escalada de EU contra Irán

El estancamiento y la esperanza
Marta Tawil / Agenda Levantina / Opinión El Heraldo de México

La devastación en países como Siria, Irak, Yemen, Libia se reduce con demasiada facilidad a cifras casi incomprensibles: cientos de miles de muertos, millones de refugiados y desplazados internos, destrucción de infraestructura de salud y educación, hambre, cientos de miles de millones de dólares necesarios para la reconstrucción. Si bien las poblaciones de estas y otras partes del mundo árabe deberían formarse esperanzas de reconstrucción, al paso de un año a otro es temible una nueva erupción de conflictos. Habituamos preguntarnos en este espacio qué papel juegan los gobiernos regionales y las fuerzas geopolíticas en esa balanza. 

Después del optimismo de las revueltas de 2011, la región árabe hoy pierde el impulso de esos movimientos de reforma de base. La represión, los conflictos y la inestabilidad persisten y se suceden en los países de la región, desestabilizando instituciones y poblaciones por igual. Las estimaciones preliminares de la Comisión Económica y Social para Asia Occidental de la ONU sugieren que la región podría perder 42 mil millones de dólares de Producto Interno Bruto. La tasa de desempleo en la región podría aumentar en 1.2 puntos porcentuales debido al brote de COVID-19. Esto implica que la región podría perder al menos 1.7 millones de puestos de trabajo en 2020.

Asimismo, el 20 de enero, en medio de la campaña electoral israelí, Joe Biden asumirá la presidencia de Estados Unidos. En las tres semanas y media hasta entonces, todavía existe la posibilidad de una nueva escalada con Irán que involucra a Israel y Estados Unidos. El primer ministro israelí Benjamín Netanyahu ejerce presión con los iraníes antes del 20 de enero y la reanudación prevista de las conversaciones para revisar el acuerdo nuclear. En Líbano, entre tensiones políticas locales y regionales y en un contexto de colapso económico y amenaza yihadista, la gente se prepara nuevamente a salir a las calles a protestar, mientras una parte de la clase política está por enfrentarse políticamente el partido-milicia Hezbolá. 

Mientras tanto, se impone un panorama devastador de trauma psicológico y memoria colectiva, costos humanos intangibles que perdurarán por generaciones. Por momentos, en este sombrío horizonte, quedan focos de optimismo –haces apenas de luz– en forma de esfuerzos formales e informales de las sociedades. Especialmente los jóvenes, quienes desempeñaron un papel importante en los movimientos sociales de 2011, son un pilar clave de la resiliencia de las sociedades en la región. Ellos, en tanto emprendedores sociales y políticos, o activistas culturales, buscan espacios de práctica civil. Uno de los principales retos en 2021 será la rendición de cuentas y de justicia social en el marco del creciente debilitamiento de las estructuras estatales en la región.

POR MARTA TAWIL
*INVESTIGADORA DE EL COLMEX 


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