Navidad sin tregua

Ahora que el año está por terminar, con el virus protagonizando una segunda ola igual o más fuerte que la primera, con una mutación de este que se expande con mayor fuerza que la primera “versión”

Navidad sin tregua
Javier Garcia Bejos / Columna Invitada / Opinión El Heraldo de México

Mi generación y las que me han precedido no hemos vivido eventos traumáticos que nos marquen de por vida y que alteren por completo nuestra forma de vida, como sucede con una guerra. Eso era una verdad hasta hace un año, antes del COVID-19, porque ahora, nuestras vidas y quizá las de futuras generaciones estarán determinadas por la llegada de este virus. En la línea temporal de la Historia, el coronavirus marcará un antes y un después.

Ahora que el año está por terminar, con el virus protagonizando una segunda ola igual o más fuerte que la primera, con una mutación de este que se expande con mayor fuerza que la primera “versión”, con la esperanza de que la vacuna se distribuya a mayor velocidad y frente al hartazgo de una sociedad que ya no puede contenerse, acudimos a unas fiestas decembrinas poco menos que sui generis, y para muchos, lamentablemente, tristes.

Quizá afirmar que las familias, por lo menos en México, optarán por el aislamiento social y harán una excepción dada la naturaleza de los tiempos sea una reflexión poco realista, pero sin duda este año la celebración de Navidad y Año Nuevo serán distintas. La Ciudad y el Estado de México, por ejemplo, han regresado, a regañadientes, a un semiconfinamiento cuyo objetivo es evitar que los hospitales colapsen. Es muy probable que en los próximos días otras entidades hagan lo mismo.

El ánimo social, casi de manera generalizada, ya expresa cansancio ante la situación. Sin embargo, estas medidas restrictivas, que no son del todo obligatorias, no han surtido mucho efecto: el fin de semana pasado, cuando volvimos a semáforo rojo, las calles del centro de la ciudad lucían repletas de gente. Y este patrón se repite en otras ciudades del país, ni hablar de los destinos turísticos, que lucen abarrotados.

Sin ánimo de justificar este tipo de conducta, es entendible que la gente opte por evadir las recomendaciones de la autoridad. Han sido meses muy duros en los que la crisis sanitaria, la pérdida de seres queridos, la falta de empleo y el aislamiento han hecho mella en la salud mental y emocional de la gente. Por ello, llegar a una época en la que la convivencia con familia y amigos es primordial, y hacerlo aislado, desde luego que conlleva cierto ánimo de tristeza y frustración.

El fin de año es una suerte de ritual en muchos sentidos. Es el cierre y la apertura de un ciclo. Para muchos es un momento de hacer balances, para otros solo se trata de celebrar y estar con la familia y los amigos. En todo el mundo y dependiendo de la cultura e idiosincrasia claro, esta es una época de compartir, de disfrutarse los unos a los otros, de estar en paz…

Al inició mencioné que mi generación no había vivido un episodio traumático como la guerra. Pues bien, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando era tiempo de Navidad, existió algo llamado “tregua navideña”. En 2020 no estamos viviendo una guerra mundial y sin embargo no tendremos tregua. Este será un fin de año para la historia. Hay que cuidarnos.

POR JAVIER GARCÍA BEJOS
COLABORADOR
@JGARCIABEJOS


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