La Economía de Francisco

Repensar el modelo de desarrollo global implica revisar los fundamentos de la economía y sus disfunciones contemporáneas

La Economía de Francisco
Rodrigo Guerra López / Columna Invitada

El Papa Francisco convocó a finales de noviembre a realizar una revisión crítica de los fundamentos del modelo económico global. La invitación fue acogida en numerosos países. Miles de jóvenes economistas, empresarios, activistas y académicos nos reunimos a través de diversas plataformas virtuales a lo largo y ancho de todo el planeta para dialogar y aprender conjuntamente.

Así se organizó “The Economy of Francesco”. A diferencia de otras épocas en las que se veía con sospecha que la Iglesia diera su palabra en cuestiones económicas, ha sido muy interesante observar la buena acogida que las provocaciones de la Doctrina social católica hacen a las mentes y a los corazones de quienes desencantados de las ideologías buscan horizontes mayores.

El desencanto ante las ideologías en territorio económico cristiano ha tenido diversos flancos: en los sectores más afectos a algunas modalidades de socialismo, el quiebre se dio con la caída del muro de Berlín. Los exponentes más radicales de las teologías de la liberación tuvieron que hacer un alto y reconsiderar muchas cosas. Con el tiempo, esta revisión crítica fue positiva y ha dado frutos prácticos y reflexivos de diversos órdenes, no solamente en América Latina, sino aún en otras latitudes. 

Diversas teologías de la liberación, purificadas y matizadas, encontraron su adecuado encuadre eclesial y su propio territorio de propuesta en materia de desarrollo humano integral, compromiso cristiano y acción solidaria.

Por su parte, en los sectores más adheridos a alguna modalidad de neoliberalismo, la corrección de rumbo ha tardado más en llegar. Con más dificultad que sus parientes lejanos de izquierda, los “teocons”, es decir, los “cato-neoliberales” son más resistentes a advertir que incurren en las dos principales denuncias que se hicieron en su tiempo a las teologías de la liberación por parte del cardenal Ratzinger: temporalizar el Reino de Dios y usar mediaciones socio-analíticas incompatibles con el evangelio.

El Papa Juan Pablo II con gran fuerza denunció en su tiempo que el problema central del socialismo real no era una mera falla funcional, sino que radicaba en su deficiente antropología.

De manera análoga, el Papa Francisco con gran valor ha manifestado que el modelo de desarrollo económico actual tiene un grave error en su raíz: una antropología que legitima el descarte de quienes no están amigablemente conectados con el mercado.

Esto no significa que Francisco esté en contra de la economía de mercado. Lo que significa es que concibe que el mercado no está llamado a redimir integralmente las necesidades de las personas. Por ello, es que urge una nueva economía social con fuertes cotas ético-jurídicas que coloquen tanto a la economía productiva como a la economía financiera, al servicio de las personas, sobre todo, de las más pobres. Se precisa una economía de mercado, no una sociedad de mercado.

En otras palabras, requerimos una economía solidaria e inclusiva, no un “capitalismo de cuates” que termina destruyendo al micro y al pequeño emprendedor.

El proyecto de Francisco aún tendrá que madurar. Ha comenzado un proceso que rendirá sus mejores frutos en el futuro. De nosotros dependerá continuarlo con entusiasmo y creatividad.

POR RODRIGO GUERRA
PROFESOR E INVESTIGADOR DEL CISAV
RODRIGO.GUERRA@CISAV.ORG


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