Por el narco, habitan un pueblo fantasma en El Aguaje, Michoacán

Casas abandonadas y el temor a los tiroteos es el día a día en aguililla, Michoacán

Por el narco, habitan un pueblo fantasma en El Aguaje, Michoacán
Casas abandonadas y el temor a los tiroteos es el día a día en aguililla, Michoacán. Foto: Especial

El sonido de una moto ensordece la carretera. Las risas cortadas y un par de sobrenombres le quitan la tranquilidad a la María Peña, quien transita rápido por la plaza principal de la tenencia El Aguaje, en Aguililla, Michoacán. Sabe que, en cuestión de segundos, las heridas de bala que hay en toda la plaza pueden volverse frescas y ella podría no regresar a casa. Detiene su caminata para reconocer que la manera en que se vive aquí no es vida, pero no hay otro lugar al que pueda ir.

La tenencia de Bonifacio Moreno, conocida como El Aguaje, albergaba a más de mil 200 personas a ras de la ruta Apatzingán Aguililla.

El párroco de la diócesis de Apatzingán, José Luis Segura, dice que 80 por ciento fueron desplazadas por la narcoguerra. El paso por el lugar es rápido. No hay niños jugando en las calles, paseantes, ni tránsito. En la plaza, sólo los halcones del cártel –como los llama el padre Segura– deambulan en grupos. Te observan sin decir nada, pero murmuran entre ellos.

En la cuatrimoto hay un arma de alto calibre. Aquí todos se esconden menos ellos, quieren que los mires hasta que ya no puedas. Pasa lo mismo con todos los muros, estructuras y vidrios rotos: gritan de lejos que te detengas a mirar las siglas del Cartel Jalisco Nueva Generación pintadas y borradas, pues Los Viagras pelean hasta un pedazo de pared.

Pero, las autoridades consideran que esta es una lucha que no les corresponde pelear. Al paso de unos minutos, nos piden que abandonemos el lugar.

“Después de las cinco, los caminos se empiezan a cerrar. No les gustaría quedarse aquí”, dice un elemento de la corporación estatal. Admite que el control del lugar es del narco.

A la salida de este pueblo fantasma, casas abandonadas, portones derrumbados y las siglas CJNG dan la despedida; balas oxidadas y otras frescas se observan en el pavimento.

“Feliz Viaje”, dice el arco de salida, adornado con balazos y pintas de ambos cárteles. Así dice adiós la zona cero de la guerra del narco en Michoacán.

Por Paola Mendoza

maaz


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