Amapola, cultivo aún insustituible

Planes como Sembrando Vida fallan en la Sierra y la Montaña, donde la planta es la única forma de vivir

Amapola, cultivo aún insustituible
GRANDES EXTENSIONESDE CAMPO. Heliodoro Castillo y San Miguel Totolapan son los municipios de mayor producción. Foto: Carlos Navarrete

En la Sierra de Guerrero los campesinos no han dejado de producir amapola. 

Pese a que en 2018 se registró una caída en el precio de la goma que genera la planta, uno de los principales ingredientes en la elaboración de la heroína, esta actividad es la única que genera ingresos a familias enteras de cientos de comunidades del estado. 

Son 40 municipios de la entidad los que producen el opiáceo, principalmente en la zona de la Sierra y de la Montaña. De acuerdo con cálculos del Observatorio por la Paz y Desarrollo de la Sierra, la superficie de tierra destinada a la siembra de amapola es de 50 mil 286 hectáreas.

Voceros del Observatorio –que por seguridad se reservaron sus nombres– afirmaron que, por sus características, el programa federal Sembrando Vida es una alternativa para que los campesinos de Guerrero sustituyan la amapola por otros productos, como el aguacate o el durazno. 

PROHIBIDA. A pesar de los riesgos que representa,
esta flor sigue alimentando a comunidades. Foto: Carlos Navarrete
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Sin embargo, la aplicación del mismo es deficiente. De 114 comunidades que integran San Miguel Totolapan, sólo dos fueron incluidas en el programa: Lomillos y Mozimba. En Mozimba sólo hay 23 beneficiarios, pese a que son 150 campesinos los que habitan ese lugar, la mayoría de ellos amapoleros.  

“Yo no veo la congruencia de ese programa. Los comisarios han exigido que se implemente en toda la región, porque lo están limitando a los municipios de Ajuchitlán y de Tecpan, dejando fuera a San Miguel que es el segundo que más produce”.

Félix Ortiz, de 22 años, es uno de los productores más jóvenes de Mozimba. Estudió la preparatoria, pero no la terminó. Aspiraba a ser contador público, sin embargo, la falta de recursos y la violencia generada por grupos del narco lo obligaron a regresar a su comunidad y desde hace cinco años se dedica a la siembra del opiáceo.

Tradición familiar

Cuenta que su abuelo le enseñó a su padre a producir la amapola, y éste le heredó a él todos los conocimientos para continuar con esa actividad que ahora le permite mantener a su pareja y a su hijo de dos años, para quien busca un destino diferente.

“Le voy a echar ganas para que mi hijo no pase por lo mismo por lo que estoy pasando. Aquí no hay la posibilidad para que aprendan, así que le voy a echar ganas para tener un ahorro y mandarlo para allá abajo (a la ciudad), para que tengan otras condiciones”.

Por Carlos Navarrete


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