Trump, adicto al reflector

A sus 74 años de edad, el magnate pasó la mitad de su vida en busca de llamar la atención, y los últimos cuatro años en la situación que siempre ambicionó: con el mundo pendiente de él

Trump, adicto al reflector
TRUMP. El Presidente sigue campaña en Iowa y busca remontar a su rival Joe Biden. Ilustración: Erik Knobl

Hoy está en peligro de perderlo todo; su vida, su estilo, sus acciones de gobierno han quedado plasmadas en decenas de libros que, sobre todo el último año, pusieron en duda su reputación empresarial, su fama de negociador y su imagen de multimillonario. 

Y enfrenta una elección donde puede perder la Presidencia.

Según sus mensajes de Twitter, su método de comunicación predilecto, el autoproclamado "genio estable" es uno de los mejores presidentes de la historia de Estados Unidos, pero su liderazgo ha profundizado la división del país.

Nacido el 14 de junio de 1946, hasta hace sólo cinco años el presidente Trump era más conocido por su vanidad, su muy publicitada vida personal y su participación estelar en el popular programa de televisión "realista" llamado El Aprendiz.

Trump encontraba particular gusto en promover su imagen de empresario exitoso, aunque tuvo sonados fracasos, aparentemente evadió pagar impuestos y se ha visto involucrado en más de cuatro mil juicios.  

Tal vez por ello, cuando el 16 de junio de 2015 Trump bajó las escaleras eléctricas en el atrio de uno de sus edificios en Manhattan y anunció su intención de buscar la candidatura pocos lo tomaron en serio.

Al día siguiente, un tabloide neoyorquino anunció en su portada, con el rostro de Trump a colores: El payaso corre para Presidente.

Desde 1990, siempre ante cámaras y micrófonos, Trump había coqueteado con la idea de postularse, sólo para abandonar poco después, pero esta vez persistió y su retórica tuvo impacto entre votantes, especialmente blancos de clase media y baja –preocupados por su situación de seguridad y económica– proclives al nacionalismo y en algunos casos, al racismo y la xenofobia.

Su lealtad lo llevó a obtener la candidatura presidencial republicana y luego una sorpresiva victoria en el Colegio Electoral, aunque perdió el voto popular, un hecho que ensombreció su triunfo.

Pero el payaso había llegado a Presidente, y con él, una visión que lo convirtió en un "ave negra" para gran parte de su país y el mundo.  

Se le considera impredecible, pero trató de mantener el vínculo con sus votantes y lo acusan de gobernar sólo para ellos. 

En los últimos años cortejó y atacó sucesivamente al presidente ruso, Vladimir Putin, al chino Xi Jinping y al líder norcoreano, Kim Jong-Un; cuestionó la utilidad de las alianzas militares estadounidenses y puso en duda el papel de su país en el mundo y en el marco legal que creó al final de la Segunda Guerra Mundial. 

Y luego de hacer de México el villano en su campaña de 2016, es ahora socio para el control migratorio y en un tratado comercial "modelo". 

Como líder político, Trump dice lo que se le ocurre, hace sus propias asociaciones mentales, inventa apodos, agrede verbalmente... 

"Es un workaholic sin estructura", consignó la revista político.com, mientras los relatos sobre sus demandas de lealtad absoluta, como empresario o como Presidente, le dieron reputación de autoritario y provocaron la animosidad de muchos excolaboradores.

Protegido de Roy Cohn, abogado neoyorquino famoso por su falta de escrúpulos, aprendió de él tres principios: Nunca llegar a un acuerdo o rendirse; contraatacar y contrademandar inmediatamente y jamás admitir la derrota y cantar victoria, sin importar qué tan mala sea la situación. 

Dueño de una fortuna que él anuncia es de 10 mil millones de dólares, pero otros estiman en mucho menos, es padre de cinco hijos (tres: Donald Jr., Ivana y Eric con su primera esposa, Ivanka; una Tiffany, con su segunda esposa Marla Maples; y uno, Barron, con su actual cónyuge, Melania).

La situación de Trump está lejos de su nacimiento en Queens. Hijo de un millonario empresario de bienes raíces lejos del brillo de Manhattan, Donald fue educado en una academia militar donde protagonizó hazañas atléticas, pero luego usó la excusa de un defecto físico menor para evitar el servicio militar y la posibilidad de ir a Vietnam. 

Por  José Carreño Figueras


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