MENTE MUJER

Mente Mujer: México, semillero de sopranos

Durante el siglo XX, el país vio surgir cantantes con un gran nivel vocal y artístico, que destacaron en recintos operísticos internacionales

ILUSTRACIÓN: GUSTAVO ALONSO ORTIZ
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A principios del siglo XX, las compañías de ópera de Europa –en especial las italianas– vinieron a México y lo convirtieron en un importante escenario internacional, haciendo del Palacio de Bellas Artes una escala obligada entre el Teatro Colón de Argentina y la Ópera Metropolitana de Nueva York.

A consecuencia, grandes talentos internacionales como la soprano griega Maria Callas, pisaron el escenario del recinto mexicano más emblemático de la ópera, logrando inspirar a una generación de cantantes que floreció dentro del escenario de aquel palacio.

“Tener voces de esa altura se volvió un ejemplo para las cantantes nacionales de esa época, inspirándolas a convertirse en grandes referentes mexicanos”, explicó el contratenor Héctor Sosa, quien ha realizado diversas investigaciones en torno a las sopranos del siglo XX. 

De esta generación destacan diversas personalidades: Irma González (1916-2008), quien en 1977 se convirtió en la primera mexicana en cantar el rol de “La Flauta Mágica”, de Mozart, y Gilda Cruz-Romo (1940), soprano que debutó en los años 60 en la Metropolitan Opera House, de Nueva York, lugar donde permaneció 14 años como estrella principal.

“Imagínate el nivel vocal y artístico que tenían estas dos mujeres para contribuir y aportar a la ópera del mundo”, expresó el también productor, quien señaló que existen por lo menos 30 mujeres que figuraron en la ópera durante esa época.

VOCES PRESTIGIOSAS 

Otro de los nombres de esa época fue María Romero (1903-1975), una de las voces más distinguidas de la primera mitad del siglo XX, entre cuyos roles se encontraron los protagónicos de "Madamme Butterfly", "La Traviata", "Manon", "Fausto", "Cavalleria rusticana" y "La Bohème".

Destacan también Cristina Ortega (1938), que inició su carrera como estudiante de ballet en la Escuela Nacional de Danza, y que concluyó sus estudios de música y canto, en el Conservatorio Nacional de Música; Alicia Torres Garza (1933), con más de 60 años de trayectoria y quizá una de las carreras más longevas dentro del mundo de la ópera, y Guillermina Higareda (1939-2005), una cantante cuyo camino se desarrolló principalmente en el Instituto Nacional de Bellas Artes.

Por otra parte, se encuentra María Luisa Tamez, una solista que ha llevado el nombre de México a diversas agrupaciones, como la Orquesta Real Filarmónica de Londres, la Filarmónica de París y la Sinfónica de Berlín.

“Considero a todas ellas tomando como base su trayectoria dentro y fuera de México, pero indudablemente existen varias sopranos más por mencionar”, dijo Sosa.

El contratenor, con una carrera de más de 35 años, aseguró que el siglo XX mexicano fue , sin duda, un parteaguas importante para la cultura y las artes, pero también para la ópera.

“No sólo fue brillantísimo en literatura y artes plásticas, sino también en sopranos”, reiteró.

Reconoció la aportación a la operística mexicana de cantantes como Consuelo Escobar (1887-1967), María Luisa Escobar (1898-1985), Ernestina Garfias (1926) y Rosario Andrade (1946).

En 2019, Héctor Sosa rindió un homenaje al linaje operístico mexicano con el disco 'Grandes voces de la ópera en México', el cual fungió como una especie de agradecimiento “a los cantantes que se tomaban la molestia de educar sus voces, de hacer carrera, de prepararse al nivel que lo hicieron, como Gilda Cruz Romo y una lista de grandes voces de mexicanas”.

Por Azaneth Cruz

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