En la actualidad todas las “Manifestaciones culturales populares” se enmarcan en el concepto contemporáneo de Patrimonio Cultural Inmaterial, que se impulsa desde diferentes foros internacionales como la UNESCO.
El arte popular expresa, afirma y recrea los valores y las riquezas culturales y tradicionales de un pueblo, a través de los materiales de soporte que durante siglos y generaciones han sido transformados y acabados con su sello de identidad. De origen, los objetos eran el medio para transmitir mensajes y poder comunicarse con otros pueblos y con sus divinidades; detrás de cada objeto hay una persona que hace posible, o no, su continuidad y su evolución –sorprende por su ilimitado perfeccionamiento en la manufactura, en la belleza y en la transmisión–. En el moderno concepto de patrimonio cultural intangible, el arte popular es la manifestación más tangible de la gran riqueza de los pueblos.
Patrimonio trascendente
Los tiempos modernos han cambiado los valores de la gente, de la cultura, de lo realmente trascendente y valioso. Nos hacen creer que sólo la pertenencia material es importante y todo lo demás es secundario, vemos con pena e impotencia que su existencia se debe sólo a la decisión de los que se resisten a aceptar este nuevo orden de cosas, y que devotamente continúan en la lucha diaria por preservar un patrimonio precioso, legado de los abuelos y de sus ancestros.
El pragmatismo de los comercializadores de objetos, sean estos valiosos o no, ha determinado un nuevo orden en el que el arte popular se debate en condiciones muy desventajosas, más bien precarias, porque la masificación de la producción de objetos ha sobrepasado toda racionalidad en desmedro de la naturaleza. Se pierde el patrimonio cultural de los pueblos, se pierde el alma de México, único en el mundo por su riqueza cultural, porque en la casa del creador, en su tierra, hay ceguera e insensibilidad; no hay la capacidad de ver, de apreciar, de valorar un patrimonio cultural que sostiene y que persiste a pesar de todo.
Hombre y naturaleza
La conservación de este patrimonio implica una valoración que va más allá de la protección de saberes y conocimientos técnicos y simbólicos; es la preservación de una forma de vida, de su modo de vincularse con su entorno, de reconocer y validar la relación existente entre el hombre y la naturaleza.
El diseño, como un lenguaje, construye sus expresiones y sus significados con las imágenes de la memoria histórica, natural y fantástica, individual y colectiva, que ofrece el contexto donde se está inserto social y culturalmente, donde la diversidad étnica genera influencias que hacen de los artistas y creadores populares y de sus productos culturales, tangibles e intangibles, un tesoro vivo que debemos proteger e impulsar.
Por Griselda Galicia García
Las mejores recomendaciones de libros están en El Podcast Literario