PIENSA JOVEN

¿Por qué los movimientos sociales cobraron fuerza en la pandemia?

Greta Thunberg y Xiye Bastida saltan a la vista como mujeres jóvenes que promueven acciones concentras ante la crisis climática y desde sus trincheras llaman a otros a movilizarse

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Los movimientos sociales han ganado terreno de manera virtual durante la pandemia, especialmente en jóvenes; como el feminismo, #BlackLivesMatter, #LatinLivesMatter y #FridaysForFuture, por nombrar algunos. Todos ellos denotan esta intención de exigir sobre cuestiones como los feminicidios, la violencia sistemática, el racismo, la desigualdad, la justicia climática, la inseguridad, la corrupción y la falta de interés gubernamental por atender todos ellos, lo que ha contribuido a que se exacerben. 

Hoy vemos como cada vez más jóvenes se sienten identificados con estos movimientos y protestan exigiendo acciones concretas. Figuras como Greta Thunberg y Xiye Bastida saltan a la vista como mujeres jóvenes que promueven acciones concretas ante la crisis climática y desde sus trincheras llaman a otros a movilizarse. Pero muchas veces la sociedad suele cuestionar la veracidad de ellos, se duda si en realidad se pueden conciliar cambios a partir de protestas virtuales, de compartir información en redes sociales. 

En el contexto político en el que nos encontramos los contrapesos juegan un papel fundamental, el tener la capacidad de argumentar, investigar e informar permite demandar de forma distinta a quienes toman decisiones, persuadiendo acciones distintas y que en realidad beneficien a todos. No se trata de partidos políticos, ni tomar bandos, sino en realidad tener convicción en que un cambio es posible.

Bien nos han denominado como “la generación de cristal” pero personalmente no lo vería como un defecto, sino una virtud, somos una generación mucho más consciente y harta de las desigualdades que vivimos todos los días, buscamos actuar de tal forma que las cosas funcionen de manera distinta, reclamamos, exigimos ya que no nos sentimos conformes con la realidad y queremos cambiarla.

Los estudiantes universitarios, por nuestro lado, tenemos un rol característico y es que mientras abrazamos estas luchas tenemos el poder de legitimarlas y reforzarlas desde una esfera distinta, el estudiar los fenómenos estructurales, los movimientos y protestas, documentándolos da estructura a esta clase de movimientos.

Está en nosotros el reforzar esta clase de discursos y que no se queden en retórica, porque por más pequeñas que parezcan, cada una de nuestras acciones contribuye a un cambio social que no se había visto antes. No digo que abracemos todas las luchas como nuestras, pero que nos identifiquemos con aquello que más nos inconforma, lo interioricemos y estudiemos desde nuestra carrera profesional de tal forma que aportemos una mirada distinta. Invito a que deconstruyamos nuestra sociedad con una mirada crítica, informada y concreta y no aceptemos aquello que nos hace sentir inconformes. Solamente así se forman contrapesos que llevan a cambios estructurados y acertados.

La generación de cristal es distinta, ha aprendido a ver los matices de la sociedad y no todo como un blanco o negro, somos conscientes de que la desigualdad es uno de los problemas más graves de nuestra sociedad y estamos dispuestos a atenderla. No es que seamos pesimistas, queremos evidenciar las deficiencias estructurales y exigimos cambios e impulsar iniciativas acertadas, que se escuche a las organizaciones de sociedad civil organizada y a la movilización social. Sabemos que no podemos cambiar al mundo en un abrir y cerrar de ojos, pero bien sabemos que este entusiasmo y ganas de que nuestra realidad cambie puede llevar a que muchas cosas sean posibles trabajando hacia una realidad distinta.

Creo que si algo podemos aprender de esta clase de movimientos juveniles es que, hay que aprender a ser más humanos pero sobre todo, más conscientes. No podemos permanecer callados ante las injusticias y desigualdades, ya que somos más perceptivos de las cosas que pasan en el mundo. Entonces es más difícil quedarse callados, es algo éticamente incorrecto. Porque poco sirven las teorías, estudios y conocimientos si en la vida real y diaria no podemos plasmarlos, si no internalizamos los problemas como si fueran propios, si no los deconstruirnos y cuestionamos. Como suele decirse “cada cabeza es un mundo” y esto es cierto porque a decir verdad todos vivimos la misma realidad, pero la percibimos de manera distinta y esto hace que haya criterios tan distintos.

mgm