Desde nuestra cultura prehispánica, el servicio ha preservado un valor comunitario conocido como calpulli o tequio, conformado hasta hoy por unidades de gestión que resuelven diversos asuntos en las comunidades.
Fundado en 1540 por Vasco de Quiroga, en el Colegio de San Nicolás se preparaba para atender la salud y la mejora sanitaria en hospitales. Estas prácticas quedaron establecidas en el ideario educativo de Benito Juárez y en la Ley Orgánica de Instrucción Pública del Distrito Federal de 1867.
Estos legados fueron retomados tras la Revolución Mexicana cuando estudiantes realizaban labor comunitaria salvando vidas y los vasconcelistas propusieron el servicio social obligatorio como vínculo entre educación y problemas sociales, promoviendo la participación estudiantil en formas colectivas.
La Reforma Educativa de 1929 gestada en el Movimiento de Córdoba, incluyó los postulados de Justo Sierra y Antonio Caso, quienes defendieron que la educación superior debía responder a las necesidades sociales, con la responsabilidad de los profesionistas de devolver a la sociedad lo recibido del Estado.
Así, la política educativa del general Lázaro Cárdenas permitió un convenio entre la Escuela de Medicina de la UNAM y el entonces Departamento de Salud Pública en 1936, estableciendo el servicio social con el objetivo de distribuir mejor a los médicos en el país y proporcionar atención preventiva y curativa a comunidades marginadas. Estas iniciativas evolucionaron en brigadas multidisciplinarias consolidando los principios fundamentales del servicio social.
En los 70, con la expansión de la educación superior, surgió IMSS-COPLAMAR, orientado a la construcción de unidades médicas rurales y la SAHOP, con el desarrollo de infraestructura de agua potable y alcantarillado.
Fortalecer la prevención y atención médica requiere la colaboración de equipos multidisciplinarios, cuya labor en intervención, tratamiento y rehabilitación garantiza espacios adecuados en iluminación, ventilación y orientación para una atención eficiente y la conservación de los servicios médicos.
En este primer cuarto de siglo, el Segundo Piso de la Cuarta Transformación impulsa la democracia participativa para lograr el bienestar social. El humanismo mexicano se erige sobre dos pilares fundamentales: la herencia cultural de nuestros pueblos originarios y la riqueza de nuestras heroínas y héroes, excepcional por su profundidad de pensamiento y organización comunitaria. Valores como la solidaridad, libertad y honestidad han dado pie a conocimientos milenarios en diversas disciplinas.
Es necesario transitar de esfuerzos aislados a estrategias coordinadas, orientadas por políticas públicas como Salud Casa por Casa, Vive Feliz, Vive Saludable y Jornadas por la Paz, así como Jóvenes Construyendo el Futuro, a través del servicio social que en octubre de 2026 cumplirá 90 años como institución del Estado mexicano.
Ana de Gortari Pedroza*
*Titular de la Unidad de Infraestructura, Proyectos Especiales y Cartera de Inversión del IMSS
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