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Discurso de odio: licencia para acosar

Los discursos públicos y sus ecos privados tienen resonancia y se reproducen. A veces potencian creencias previas y a veces conquistan nuevas voluntades

Discurso de odio: licencia para acosar
Mauricio Farah / Todos Somos México / Opinión El Heraldo de México Foto: Heraldo de México

El discurso de odio tiene consecuencias.

Jocelyn, de once años de edad, era hija de padres mexicanos y vivía en Texas. Sus compañeros de escuela le decían que avisarían a los servicios de migración para que deportaran a sus padres. Ella se quedaría sola, se burlaban.

Jocelyn, que era la mayor de seis hermanos y vivía con su mamá, acudió al consejero estudiantil. O el consejero no lo reportó a las autoridades de la Gainesville Intermediate School o éstas recibieron la información y no se lo hicieron saber a la mamá de Jocelyn ni, aparentemente, al Distrito Escolar Independiente de Gainesville. Tal vez no le dieron importancia al asunto. No era más que un bullying.

El 3 de febrero, 14 días después de iniciado el gobierno federal de Estados Unidos, que llegó con banderas antiinmigrantes, Jocelyn quiso quitarse la vida. No se ha divulgado la forma en que lo intentó, pero paramédicos lograron rescatarla del colapso para que recibiera terapia intensiva en un hospital de Dallas. El 11 de febrero la familia dio a conocer en redes el fallecimiento de Jocelyn.

Probablemente los niños que la acosaban no eran conscientes de que sus dichos pudieran tener una consecuencia mortal. Repetían un discurso que habrían oído o visto en redes o en los medios. O en su casa. Los discursos públicos y sus ecos privados tienen resonancia y se reproducen. A veces potencian creencias previas y a veces conquistan nuevas voluntades.

Con el doble de edad de estos niños, Aidan Steigelmann, estudiante de Temple University, fue suspendido y arrestado por querer ingresar, junto con otros dos jóvenes, a una residencia estudiantil del campus de esta universidad de Filadelfia, simulando ser agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas. Los tres llevaban camisetas con la palabra POLICE y las iniciales ICE.

En Carolina del Sur, Sean-Michael Johnson, haciéndose pasar “voluntaria e ilegalmente como agente del ICE”, según dice el acta policial, detuvo un automóvil en el que viajaba un grupo de hombres latinos. “¿De dónde eres, de México? ¿Eres de México? Vas a regresar”, dice Johnson en un video grabado por una de las víctimas, asomado al interior de una camioneta por la ventanilla del conductor. Luego estira la mano y se hace de las llaves del vehículo y grita: “¡No hables ese idioma latino de cerdos!”. Johnson fue detenido, acusado de suplantación de una autoridad, asalto y agresión, y liberado mediante el pago de una fianza (CNN en español, 04/02/2025).

Los protagonistas del primer caso tenían once años, los del segundo, 22, y el del tercero, 33, casi como si se tratara de un muestrario de la diversidad de edades jóvenes que han sido tocadas por el discurso de menosprecio y odio hacia los migrantes, particularmente los latinos.

Más allá de las disposiciones del nuevo gobierno de Estados Unidos respecto de los migrantes irregulares, hay que poner atención en la retórica que hace de toda persona sin documentos un criminal, lo que alienta y justifica cualquier acto de discriminación, acoso, bullying y hasta de agresión. Hay que decirlo y reiterarlo para evitar daños mayores.

POR MAURICIO FARAH

@MFARAHG

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