Rápidamente llegamos a los primeros 100 días del gobierno de Claudia Sheibaum, ese acostumbrado periodo inicial que nos gusta revisar para encontrar las peculiaridades de la nueva administración que marquen el punto de inflexión entre un gobernante saliente y el entrante.
Las encuestas son muy favorables con Sheinbaum: aprobación superior al 76 por ciento, una luna de miel de la población agradecida con la continuidad y ampliación de becas, pensiones y apoyos sociales, rasgo más reconocido en los ejercicios demoscópicos.
Los primeros 100 días son muy poco tiempo para evaluar una gestión. Menos esta que tiene compromisos políticos heredados, al igual que un montón de problemas de urgente atención.
Con un capital político envidiable, Claudia Sheinbaum tiene la oportunidad de hacer historia con el mandato de mayor poder y legitimidad reciente. Para ello requiere su propio sello.
La vara está muy alta para esta administración; la inercia demagógica de su antecesor, el ritmo de la inseguridad (que ya mostró una baja de 16 por ciento en estos tres meses), una deuda de seis billones de pesos, el peso mexicano que pierde terreno frente al dólar, las pérdidas ingentes en proyectos fallidos como Mexicana de Aviación, Tren Maya, Dos Bocas y la amenaza de Donald Trump, son temas a resolverse urgentemente.
Aunque ha declarado públicamente que no se desmarcará de Andrés Manuel López Obrador, los hechos muestran las primeras diferencias en la forma de afrontar los problemas. Los pasos iniciales del sello particular de la administración Sheinbaum, pueden empezar a sentirse sobre todo en el tema de seguridad: 7 mil detenciones por crímenes de alto impacto y el desmantelamiento de 115 laboratorios de metanfetamina en por lo menos ocho entidades, un golpazo a la política de “abrazos, no balazos”, que fracasó.
Otros botones diferenciadores son el trato hacia los consejeros del INE en la reunión del pasado jueves en Palacio Nacional y la inversión para mejorar el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, prácticamente olvidado en el sexenio anterior.
Ahora podría ayudar más el atender a los mercados, darle más certeza al empresariado y llamar a todos los actores políticos y sociales a un cierre filas frente al belicismo de Trump. También que la presidenta tome el control de su partido y las riendas de movimiento. Con ello podría contener el protagonismo excesivo de los coordinadores parlamentarios e ir colocando a sus afines en futuras candidaturas. Esos movimientos contribuirían a ir deshaciendose de los nudos atados desde la presiencia anterior.
No estaría mal también fomentar la unidad en el país, aprovechando toda esa aceptación y legitimidad. Valdrá la pena.
CONTRASEÑA: Lo confirmó la presidenta, Rogelio Ramírez de la O continuará como Secretario de Hacienda. Nada de retirarse antes de los dos años pactados para darle continuidad a la política económica y tranquilidad a los mercados.
POR CARLOS ZÚÑIGA PÉREZ
COLABORADOR
@carloszup
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