COLUMNA INVITADA

¿Corazón o Cerebro?

Un hombre y una mujer adultos se atraen, se insertan en una relación con un alto nivel de intimidad

OPINIÓN

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Mónica Castelazo / Columna invitada /Opinión El Heraldo de MéxicoCréditos: Foto: Especial

Un hombre y una mujer adultos se atraen, se insertan en una relación con un alto nivel de intimidad; viajan juntos; duermen juntos; intercambian intereses, comparten sus mundos; anclados en un sistema parasimpático donde disfrutan de la oxitocina, dopamina y serotonina relacionados con el disfrute, y que hace que el cerebro genere estos neurotransmisores.

Con el tiempo una de las partes se apega más, la otra se mantiene al margen de las emociones, un día conversan sobre sus expectativas y concluyen que no están en la misma, y dolorosamente deciden terminar. Ésta pareciera una explicación fría del proceso de enamoramiento, donde lo que surge es el inevitable dolor de corazón roto. 

En septiembre se celebró el Día Mundial del Corazón, y si bien la efeméride está enfocada en el cuidado fisiológico del vital órgano, la misma me hizo reflexionar sobre la relación del corazón con las emociones y la manera en que nos comunicamos. Pero, ¿realmente se alojan las emociones en el corazón?

Esta es la teoría socialmente aceptada y promovida en nuestra cultura popular, se comunica en canciones, películas, novelas y tarjetas postales, con frases como: “Eres el dueño de mi corazón”, “Te amo con todo mi corazón”. 

El autor español Eduardo Punset en su libro “El viaje al amor” plantea que el amor está en el cerebro, comparándonos con bacterias, que basan su comunicación en expresión genética gestionada a través de sustancias químicas, siendo todas las bacterias capaces de producir, soltar, identificar y responder a las mismas señales.

Aunque nunca he escuchado una canción de amor que diga: “Te amo con todo mi cerebro”, o una conversación donde alguien haya dicho que le duele el cerebro por desamor. Llama mi atención que adjudicamos las emociones al corazón y no al cerebro, cuando las sustancias químicas que nos hacen sentir felices o infelices, se ubican en este último órgano y no en el corazón. 

¿Cuál es entonces la relación entre el hecho de que creamos que los sentimientos se alojan en nuestro corazón, y no cuidemos de este órgano, que como un reloj automático sin esfuerzo alguno nuestro, bombea sangre al cuerpo para que mientras tanto disfrutemos o suframos -según nuestra cosmovisión de vida-, de las experiencias.

No me extraña entonces, observar desencuentros y desconexiones como la descrita, si no cuidamos nuestros corazones comiendo sanamente, haciendo ejercicio, no fumando, descansando las horas necesarias para nuestra salud básica. ¿Será que por eso estamos tan desconectados, y nos relacionamos sin vincularnos?. Tal vez sería más fácil si fuésemos bacterias, recorrer con congruencia y mensajes alineados el misterioso camino del amor. 

POR MÓNICA CASTELAZO

Gerente Sr. Comunicación y Asuntos Corporativos en Teva México. 

Twitter: @MonicaCastelazo

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