COLUMNA INVITADA

Elecciones, libres, auténticas y sin crímenes

El pasado 5 de junio estuvieron en juego elecciones ordinarias en seis estados de la República: Aguascalientes, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Quintana Roo y Tamaulipas

OPINIÓN

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Nuvia Mayorga Delgado / Columna Invitada / Opinión El Heraldo de MéxicoCréditos: Especial

Durante muchos años, la ciudadanía en nuestro país exigía la creación de un árbitro electoral imparcial, es decir, un órgano ajeno a los vaivenes de los deseos del Poder Ejecutivo en donde la opacidad reinaba, propiciando poca confianza en las elecciones y muchos señalamientos de fraude electoral. Desde la creación del órgano autónomo denominado Instituto Federal Electoral a inicios de los años noventa, el panorama ha sido diferente, ya que la regulación y revisión del Instituto ha evitado quejas de imparcialidad o desconfianza, ya que, como órgano garante de los principios constitucionales en la materia, ha demostrado con resultados, prácticamente sin contratiempos y con efectividad, la valía que aún tiene dentro de la democracia mexicana y el fomento a la participación ciudadana. 

El pasado 5 de junio estuvieron en juego elecciones ordinarias en seis estados de la República: Aguascalientes, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Quintana Roo y Tamaulipas. Todas de enorme relevancia atendiendo el peso del pacto federal y, sobre todo, una narrativa de legitimidad de los gobiernos de cara a una reacción evidente de la ciudadanía que cada vez tiene más herramientas informativas a su alcance que, nos haría pensar, contamos con un voto más razonado.

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Este tipo de ejercicios más que simples resultados numéricos nos llevan a una reflexión profunda de la democracia en el país. Por un lado, respecto de los enormes cuestionamientos al árbitro electoral en un momento crucial, sobre todo cuando esas acusaciones y señalamientos provienen desde el ejercicio del poder que debiera ser imparcial y respetuoso de los principios constitucionales en la materia.

Por otro lado, con la desazón de la gente que acude a las urnas con el miedo derivado de la inseguridad desatada que maniata el libre ejercicio de las decisiones ciudadanas y que pone en entredicho el actuar de personajes políticos que lejos de desmentir acusaciones, evaden respuestas de las que están ávidas las y los mexicanos.

En ese sentido, las opciones viables para el pueblo de México se han cerrado de forma grave, sin embargo, el panorama de los resultados en las elecciones nos aleja de forma puntual de quienes auguraban una victoria aplastante de quien ocupa el poder actualmente, siendo claro el llamado urgente de la ciudadanía para establecer alternativas, generar competencia, orillar a los acuerdos y evitar el poder de una sola visión que, sin duda alguna, no refleja el rumbo que quieren tomar las y los habitantes de nuestro país.

Sin importar el resultado, la lectura de estas elecciones no se aleja de lo que ha pasado en las últimas, donde la actitud de las personas que acudieron a ejercer su voto de forma libre fue ejemplar en comportamiento y actitudes, lo cual desentona con algunos partidos políticos que o no son opción debido a que buscan exclusivamente beneficios cupulares, o simple y sencillamente han llegado a llenar un hueco de poder en aquellos lugares donde los resultados no han llegado.

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En este momento de crisis institucional, viene un par de años cruciales para la democracia en el país; un momento de lucha decidida para fortalecer aquellos órganos que han dado certeza electoral evitando prácticas del pasado, pero con la claridad que aún falta ganarse la credibilidad, la cual no basta con promesas huecas y esperanzas vagas, sino que requiere de un ejercicio responsable, auténtico y en beneficio del pueblo de México, ya que las democracias no se agotan de un momento a otro, sino que orillan a polos radicales cuando las opciones han defraudado. Es momento de retomar el camino como servidores públicos preocupados por su nación y permitir que los procesos que vienen sean limpios, incluyentes y, sobre todo, el preámbulo de administraciones responsables.

POR NUVIA MAYORGA DELGADO
SENADORA DEL PRI POR EL ESTADO DE HIDALGO
MIEMBRO DE LA COMISIÓN DE SALUD DEL SENADO
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