COLUMNA INVITADA

Debanhi: Que su muerte no sea inútil

Esto es algo que involucra no solo a sus padres, toca la consciencia de la sociedad entera en medio del ambiente de violencia en el que vivimos

OPINIÓN

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Paz Fernández Cueto / Colaboradora / Opinión El Heraldo de MéxicoCréditos: Especial

Este es un tema difícil de tratar, un tema polémico que ha encendido la discusión en las familias, incluyendo la mía. Se trata de Debanhi, esta chica de 18 años cuya muerte, acaecida hace ya más de un mes, aún no se acaba de aclarar. Comienzo por abrazar a sus padres diciéndoles que, como madre, comprendo el dolor de perder una hija y la impotencia ante la ineficiencia de las autoridades. Esto es algo que involucra no solo a sus padres, toca la consciencia de la sociedad entera en medio del ambiente de violencia en el que vivimos. El caso de Debanhi se hizo viral porque su muerte, de alguna manera, nos compromete a todos.

La primera reacción, seguida la indignación, fue encontrar a los culpables. Ante la posibilidad de tratarse de un feminicidio, la Fiscalía Especial contra los Delitos de Violencia contra las Mujeres comenzó a hacer su trabajo, investigando en primer lugar a las amigas con quienes convivió la noche de la tragedia, al taxista que las condujo a las fiestas, así como las circunstancias que rodearon su muerte. Habiendo visto los videos de las entrevistas realizadas a los posibles implicados, da la impresión que pocos casos han tenido un seguimiento tan puntual, previo al fatal desenlace, como el caso de Debanhi. Mientras exigimos a las fiscalías hacer su trabajo, y a los legisladores expedir leyes justas que protejan a las mujeres, urge concientizar a la sociedad en lo que sí se puede hacer, en lo que a cada quien corresponda para evitar conductas de riesgo que pongan en peligro la vida e integridad de nuestros jóvenes.

Porque, no estamos hablando de un secuestro, ni de una extorsión o de un acoso sexual, seguido de una desaparición forzosa. Esta vez no se trata de la amenaza de muerte que enfrentan tantas mujeres al salir de sus trabajos, ni de las que son víctimas de violencia intrafamiliar. Se trata de una joven de 18 años, de una hija de familia que a las 11 de la noche sale de su casa con ganas de divertirse, “enfiestándose”, de fiesta en fiesta con sus amigas. Cuentan con dinero y celular. Ninguna de ellas menciona algún tiempo límite impuesto por sus padres para de regresar a su casa, ni la obligación de reportarse a determinadas horas. Lo que sucedió después, documentado, paso a paso, excepto el desenlace de su muerte, ha sido ampliamente dado a conocer en videos y entrevistas.

¿Qué lecciones nos deja el caso de Debanhi para que su muerte no sea inútil? En primer lugar, es un recordatorio a los padres que, si bien, a los 18 años se adquiere la mayoría de edad, falta mucho para llegar a la madurez. Este es un proceso que tiene que ver con el autodominio y con el uso responsable de la libertad. Conscientes de la sociedad permisiva en la que vivimos, expuestos a todo tiempo de peligros, a los padres nos toca racionar el uso de la libertad, poner límites, soltar poco a poco, dejarlos volar midiendo el riesgo, y para esto, conocer a los amigos y los lugares que frecuentan, tratar de hacer alianzas con otros padres, tejer redes sociales de protección y evitar el abuso del alcohol. El permisivismo de la sociedad actual los expone a todo, no hay que ser ingenuos, los hijos pierden la inocencia cuando los padres la recuperan.  Un papa sensato comentó en redes sociales que, mientras los hijos vivan en su casa, aunque no esté de moda, se someten a su autoridad ejercida como un servicio al que tienen derecho.    

¿Qué decirles a los jóvenes? Que son ellos los primeros responsables de su propia vida, que la libertad es ausencia de coacción y es independencia, pero, ante todo, es auto dominio con el que gobernamos nuestras propias acciones, y que, para ser libres, hay que poner en juego el raciocinio, pero también, la fuerza de voluntad. Que si ellos no se cuidan nadie los va a cuidar. Que para divertirse no es necesario emborracharse y que el alcohol, - no digamos la droga-, es uno de los factores que más predispone a conductas de riesgo. Les diría también que la diversión no es un hartazgo, cuando no hay límites no tenemos llenadero.

paz@fernandezcueto.com

POR PAZ FERNÁNDEZ CUETO

PAZ@FERNANDEZCUETO.COM

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