PANORAMA INTERNACIONAL ANÁHUAC

Moda, ropa y sustentabilidad

El esfuerzo más reciente de la intervención institucional es el paquete de propuestas legislativas presentadas por la Comisión Europea para promover una estrategia circular que permita reducir el impacto ambiental de la industria, a la que se le adjudica el 10% de emisión de carbono en el planeta

OPINIÓN

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Ximena Mejía González / Columna invitada / Opinión El Heraldo de México

Con el rápido cambio de temas de conversación, que se ha suscitado a raíz del escenario global, es fácil olvidar aquellas situaciones que se mantienen constantes, pero que no siempre figuran en la primera plana. Este es el caso de la emergencia climática de la actualidad y, aunque hay muchos ángulos desde dónde abordarla, uno que debe ser imperativo para cualquiera es aquel que conlleva la industria de la moda. La ropa, un elemento tanto de protección como de autoexpresión, está tan presente en la vida diaria como la comida o el sueño.

Desde hace varios años, el movimiento para promover la sustentabilidad en la industria de la moda se ha fortalecido en el nivel individual –a través de los cambios en el consumo personal–, así como con los esfuerzos de diversas organizaciones internacionales, a través de programas como la Alianza de las Naciones Unidas para la Moda Sostenible. Esto último es indispensable, pues gran parte de los problemas relacionados con la contaminación causada por la producción textil es responsabilidad directa de grandes corporaciones y la regulación gubernamental.

El esfuerzo más reciente de la intervención institucional es el paquete de propuestas legislativas presentadas por la Comisión Europea para promover una estrategia circular que permita reducir el impacto ambiental de la industria, a la que se le adjudica el 10% de emisión de carbono en el planeta. Entre los requerimientos que se exigirían está el definir mínimos obligatorios de fibras recicladas en textiles, así como la prohibición de la destrucción de productos sin vender; ambas instancias son relevantes al responder a la necesidad de permitir que la ropa cierre un ciclo de uso completo, así como la práctica común de ciertas marcas de destruir productos sobrantes antes de, por ejemplo, venderlos a menor precio.

Si bien este es un primer paso en desarrollo, es un avance importante para remarcar la responsabilidad directa que tienen los Estados en la protección de los recursos naturales, la garantía de los Derechos Humanos para los trabajadores textiles y el cumplimiento de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible. Progresivamente van apareciendo ejemplos de ello, como el Reino Unido y su lucha por acabar con el greenwashing -o la percepción de un producto como sustentable, aunque no lo sea, como resultado de una estrategia de marketing-, así como la implementación de una ley en Francia que prohíbe la destrucción de inventario sobrante. Aunque la complejidad de la situación aún no permite ver una solución concreta, es indiscutible que el alcance de la sociedad civil, sumada a gobiernos que buscan ser proactivos es la clave para combatir el rampante abuso de los recursos que caracteriza a la industria de la moda en el siglo XXI.

POR XIMENA MEJÍA GONZÁLEZ
LICENCIADA EN RELACIONES INTERNACIONALES POR LA, UNIVERSIDAD ANÁHUAC DE MÉXICO

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