CASCABEL AL GATO

El pecado de las tlayudas: la política frente al clasismo

Las fronteras de clase, a la vez materiales y simbólicas, marcan un problema para cualquier política. Se trata, en última instancia, de un problema de comunicación

OPINIÓN

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Adrián Velázquez Ramírez / Cascabel al Gato / Opinión El Heraldo de MéxicoCréditos: Foto: Especial

El recién inaugurado aeropuerto de Santa Lucía ha dejado al descubierto, una vez más, que la política mexicana tiene un problema serio: el clasismo de una parte de su ciudadanía.

A veces involuntario, otras tantas más con plena conciencia del agravio, las críticas estéticas —disfrazadas de argumentos señoriales— al nuevo aeropuerto dejan expuesta una división profunda que es necesario atender con la seriedad del caso.

Pero ¿por qué el clasismo es un problema para la política? Empecemos por intentar definir de qué se trata este fenómeno.

El clasismo dibuja en la nación una frontera interna: establece una división en torno a la pertenencia o no a una clase social determinada. “Como te ven te tratan”, dice el dicho popular que eleva a máxima de conducta uno de los peores rasgos de nuestra cultura. Y es que la clase parece que se lleva pegada al cuerpo. En el color de piel, en la ropa gastada, en el acento del habla, en los hábitos de consumo. Todos estos atributos se cargan de un sentido negativo y pasan a formar parte de aquello que se debe dejar atrás si lo que se quiere es “progresar”.

Las fronteras de clase, a la vez materiales y simbólicas, marcan así un problema para cualquier política. Se trata, en última instancia, de un problema de comunicación.

Pero no en el sentido de medios y redes sociales, sino que esa frontera hace que los deseos, experiencias y demandas de una buena parte de la sociedad se vuelvan intransferibles. Es, por lo tanto, un problema de comunidad.

Último paso: es necesario dar una definición provisoria de política. Y digo provisoria porque no es el tiempo ni el lugar para despejar una pregunta que ha dado nacimiento a la filosofía misma. Pero basta por ahora recuperar una frase de Althusius: “La política es el arte por medio del cual los hombres (y mujeres) se asocian con el objeto de instaurar, cultivar y conservar entre sí la vida social”. Se entiende, entonces, que el clasismo es un problema, porque establece una exclusión ahí donde debería regir un “entre-sí”. 

Ante esta situación, las dirigencias políticas tienen dos grandes alternativas: o bien intentan disolver esta frontera y derrumbar los muros que nos dividen. O bien, se pliegan a ella: conservándola, fomentándola para ganar el apoyo de una parte de la sociedad.

El primer camino conduce a la pregunta por la justicia social: sólo así, el clasismo podrá ser reemplazado por la solidaridad necesaria para que la comunidad trabaje en conjunto. El segundo camino conduce a multiplicar los muros y las aduanas internas con las que se gestiona esa exclusión. Cooperación o enemistad, la disyuntiva es clara.

POR ADRIÁN VELÁZQUEZ RAMÍREZ
COLABORADOR
@ADRIAN.VELARAM@GMAIL.COM

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