COLUMNA INVITADA

El feminismo de Olga Sánchez Cordero

Este es el caso de los cuestionamientos a la postura ética, política y profesional de Olga Sánchez Cordero

OPINIÓN

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Fabiola Alanís Sámano / Colaboradora/ Opinión El Heraldo de México

Durante ya varias décadas la vida pública de la nación se encuentra dividida y confrontada por dos grandes proyectos: uno, el de los privilegios, la preservación del statu quo y la exclusión; otro, el de quienes pensamos que la modernidad es el imperio del Derecho, de la igualdad y la libertad, de la justicia social y la inclusión. Este último se ha hecho gobierno y, a partir de 2018, no ha dejado de ser criticado, atacado, cuestionado y, de hecho, bombardeado con un muy pesado arsenal de falsedades, oprobios o, ya de plano, crasos insultos, presentados como opiniones que reclaman la libertad de expresión, aunque en realidad se trate de la más pura y burdapropaganda negativa.

Así, se han rebajado los términos del debate, y la oposición ha dejado escapar, como agua entre los dedos, la oportunidad de plantearse como una opción madura y representativa de una corriente de ideas y de prácticas; sucede, más bien, que ha preferido la diatriba y la descalificación más abyecta, por sobre la reflexión y la propuesta. Este es el caso de los cuestionamientos a la postura ética, política y profesional de Olga Sánchez Cordero.

Si me preguntan cuál es la posición política de la Ministra, ex Secretaria de Gobernación y hoy Senadora de la República, mi respuestaes, sin pensarlo, que ella es una feminista congruente con sus principios y muy muy arriesgada. Como el origen no es destino ni tampoco el nacer mujer garantiza que una sea feminista, lo que ella ha hecho no puede leerse como una contradicción sino como un paso en la construcción de una ética transformadora de la política del país: una mujer de la clase alta que asume los principios de la Cuarta Transformación y los nutre con un componente ampliamente feminista.

Por eso, a la primera Secretaria de Gobernación en la historia de México, debe ser reconocida por su participación activa en este momento de rupturasy de cimentación de un nuevo régimen que encabeza el Presidente Andrés Manuel López Obrador.Como feminista, fue una aliada estratégica de las legisladoras en la concreción de las reformas que hicieron posible la paridad en todo, y que también alcanzaron para establecer las medidas para atender, prevenir, sancionar y erradicar la violencia política por razones de género.Que esto no ha sido suficiente y que falta mucho por hacer, qué duda cabe. Pero “Roma no se construyó en tres días”; mejor es empezar, y la Ministra quiso hacerlo por convicción, no por condición social ni por codiciosa mezquindad, como la que mueve a quienes la han atacado.

La Senadora Sánchez Cordero también fue activa promotora de la Iniciativa 3 de 3 para combatir la violencia de género. ¿Acaso se imaginan a un Osorio Chong, a un Gómez Mont, a un Ramírez Acuña o a un Santiago Creel impulsado una agenda amplia a favor de las mujeres, para que se respete su derecho a ser votadas y a participar en la toma dediciones de la vida pública del país, como parte de sus derechos políticos y no como una concesión de un patriarcado benevolente? Más aún ¿se los imaginan apoyando una iniciativa en la que se les niegue la postulación para un puesto de elección popular a todo aquel hombre que tenga antecedentes de violencia de género, incluida la falta de pago de pensiones alimenticias para sus hijas y/o hijos? Entre gitanos no se leen las manos: no estaba ni en su programa político ni en sus certidumbres morales actuar realmente en favor de las mujeres.

No hay manera de regatearle a Olga Sánchez Cordero su papel al frente de la Secretaría de Gobernación. De la mano de otro feminista –Alejandro Encinas Rodríguez-  tuvieron el gran reto de transformar a la Secretaría de Gobernación en la institución garante, protectora y promotora de los derechos humanos del país, a diferencia de esa oscura SEGOB que alojó a la policía política y de la cual salieron instrucciones para llevar a cabo actos tan deleznables como la matanza de Tlatelolco del 2 de octubre de 1968, el Halconazo del 10 de junio de 1971 o toda la operación de la guerra sucia,que se extendió durante más de dos décadas por todo el país. O como aquella SEGOB, la encabezada por Miguel Ángel Osorio Chong, que nada hizo para evitar que ocurriera uno de los hechos más indignantes de la historia reciente de nuestro país:la desaparición de los 43 jóvenes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, durante la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero.

Era esa misma SEGOB la que operaba para influir (mandar) en los otros Poderes del Estado y la que promovía la impunidad, sobre todo para los encumbrados y para los integrantes de las élites, que a fuerza de represión se impusieron a la voluntad del pueblo. La sede de la SEGOB sigue siendo la misma, pero hoy en día tiene un contenido muy diferente; en esa sede se siguieron operando acuerdos políticos en el nuevo gobierno, claro está, como quien detiene un megaproyecto para revertir un ecocidio, como quien levanta un monumento para nunca olvidar a las víctimas, y nadie puede poner en cuestión que hoyen día se promueve una amplia agenda de los derechos humanos incluida, por supuesto, la agenda de género. Y es que la ex secretaria de gobernación condujo la SEGOB con una visión feminista. Se trata de un feminismo incluyente de verdad, no meramente negativo; propositivo y práctico, no misándrico ni dogmático sino ética y políticamente efectivo y, sobre todo, con visión de Estado.

Por esa razón, la Senadora Sánchez Cordero promovió la coordinación a través del Grupo Intersecretarial para Erradicar las Violencias (GIEV) desde el cual se gestó una articulación real y continua de las instituciones para atender a las mujeres y las niñas víctimas y sobrevivientes de las violencias con la intervención de las secretarías de seguridad, salud, educación, cultura,  INMUJERES y, destacadamente, la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (CONAVIM).

Nadie puede decir que es sencillo construir una amplia agenda de igualdad y de protección para mujeres y niñas, o para garantizarles el acceso a la justicia, para con ello contener y avanzar en la eliminación de las violencias por razones de género.Esta agenda es, probablemente, una de las tareas más desafiantes de la Cuarta Transformación que encabeza el presidente Andrés Manuel López Obrador. 

Olga Sánchez Cordero no está exenta de críticas, por supuesto. Cada ejercicio de gobierno, cada ámbito del Estado, tienen su propia complejidad y nivel de riesgo, que puedenencauzar o impedir el cumplimiento de una agenda política. Pero el intento por desvirtuar el relevante papel de la Ministra en la nueva forma de hacer política en México y en el impulso de una amplia agenda por la causa de las mujeres y de las niñas, interpelándola mediante comentarios tan viles y mundanos, como hacer referencia a su posición socioeconómica, no es menos que un despropósito.

De nuevo, cuando se terminan los argumentos, siguen los insultos.  Ojalá cada día sean más mujeres de una posición socioeconómica privilegiada, las comprometidas con las causas más nobles del pueblo de México, que antepusieran sus convicciones éticas por sobre sus intereses mundanos; ojalá que cada día hubiera menos mujeres “pudientes” y “acomodadas”, en realidad privilegiadas, que viven en el mundo de fantasía, alejadas, muy alejadas de la realidad de millones de mexicanas y mexicanos.

POR FABIOLA ALANÍS SÁMANO

Doctora en Ciencias Sociales por la UAM-X, especialista en género, mujeres, paz y seguridad.

Titular de la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres.

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