FUERA DE TONO

La llegada de Adán Augusto

El arribo de López Hernández manda múltiples mensajes hacia adentro y fuera del gobierno

OPINIÓN

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Hernán Gómez Bruera / Fuera de Tono / Opinión El Heraldo de México

Pocas veces el Presidente había definido con tanta claridad y de forma tan explícita el papel de un funcionario llamado a ejercer un papel tan central, como lo hizo esta semana con Adán Augusto López Hernández. 

A partir de ahora, el nuevo secretario de Gobernación se ocupará de la relación con los gobernadores, con la Fiscalía, con el Poder Judicial, la Suprema Corte y el Poder Legislativo.

Esa declaración dejó automáticamente sin cabeza a muchos, pero especialmente a su (¿ex?) consejero jurídico, quien hasta hace poco había jugado el papel de comodín político y era una suerte de ministro del interior en la sombra.

Con este nuevo nombramiento, el Presidente está castigando las deslealtades y premiando a un leal. Lo hace después de que dos de sus operadores políticos más importantes –Ricardo Monreal y Julio Scherer– mostraron una conducta que López Obrador consideró inadmisible en la última elección, al haber operado a favor de otros partidos.

Con Adán Augusto existe una relación personal y familiar de larga data, la cual se remite a la amistad que Andrés Manuel tuvo con su padre.

Con el hijo, la relación se remonta a los tiempos en que este último estaba en el PRI, donde a pesar de formar parte de los gobiernos que AMLO más combatió, fue generoso con el hoy Presidente.

Adán Augusto es un político hábil y con una extensa trayectoria. Es parco, poco expresivo y cultiva el bajo perfil, aunque es eficiente y resolutivo. Por sobre todas las cosas, es un muy buen negociador, un hombre flexible y dialogante.

Es alguien a quien no gusta la confrontación. Quienes lo conocen afirman que no levanta la voz ni agrede, aunque sabe ser severo cuando tiene que serlo y lanza dardos con buena puntería.

Adán Augusto conoce y es amigo de casi todos los gobernadores del país, tanto los que se van como los que llegan. Incluso en estos años algunos lo han buscado para mediar sus asuntos con el Presidente, lo que augura un papel importante en ese terreno.

La llegada de López Hernández manda múltiples mensajes: lejos de la cerrazón que algunos han querido ver, puede ser una muestra de apertura ante el nuevo balance de fuerzas en el Congreso.

En el cada vez más convulsionado frente interno, la llegada de Adán Augusto también manda un mensaje. En primer lugar, hacia Ricardo Monreal.

Puede ser una manera de decirle al senador que si piensa buscar una ruptura, juntar las sobras resentidas y aliarse a los opositores a la 4T para lanzarse a toda costa por la Presidencia, tendrá una figura para hacerle frente.

Ante el propio proceso sucesorio, la presencia del ex gobernador también es un mensaje por si las cosas se complican. Una señal de que, si la disputa entre los equipos de Ebrard y Sheinbaum se vuelve inmanejable, hay una figura que el propio Presidente ha puesto ya en la lista de los presidenciables.

POR HERNÁN GÓMEZ BRUERA
HERNANFGB@GMAIL.COM 
@HERNANGOMEZB

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