FUERA DE TONO

El adiós a Olga Sánchez Cordero

La ex ministra de la Suprema Corte tuvo un papel digno en Segob, pero fue desaprovechada

OPINIÓN

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Hernán Gómez Bruera / Fuera de Tono / Opinión El Heraldo de México

Muchos saludamos la decisión de AMLO de encargarle en su momento a Olga Sánchez Cordero el comando de la política interior del país. Recuerdo haber escrito un artículo muy entusiasta donde señalé que su designación representaba un mensaje transformador por parte del entonces candidato a la presidencia.

A la distancia, creo que la ministra hizo un papel digno al frente de la dependencia, aunque su rol fue desaprovechado. Lo fue, en primer lugar, porque un secretario de gobernación –cualquiera que este sea—tiene el poder que le quiere conferir el presidente. Y es claro que AMLO no quiso otorgarle un papel preponderante a Sánchez Cordero.  

Si de por sí la Secretaría de Gobernación ha visto disminuidas sus atribuciones con esta administración, el presidente –pese al respeto que le tiene-- le encomendó a la ex ministra de la Suprema Corte una cantidad limitada de asuntos si se compara con las que ha delegado a otros de sus colaboradores más cercanos.

Pareciera que AMLO prefiere que el trabajo político se concentre en sus propias oficinas, en figuras que se manejan en la sombra o con un bajo perfil. Algunas de estas últimas incluso rivalizaron con la secretaria y estuvieron en guerra permanente con ella.

Con todo, creo que Olga Sánchez Cordero dejó una huella importante en estos tres años de gobierno. Su presencia en el gabinete permitió darle a la 4T cierta impronta progresista que sin ella no hubiera tenido.

Temas que en mayor o menor medida lograron avances bajo esta administración, como la despenalización de la marihuana, la liberalización de víctimas de tortura encarceladas, la Comisión para investigar el caso Ayotzinapa, la justicia transicional a víctimas de violencia o la homologación del tipo penal de feminicidio a nivel federal, le deben mucho a Sánchez Cordero.

Pero la ministra también cometió algunos errores. Uno de ellos, a mi juicio, fue no ponerle un alto a los intentos del gobernador de Baja California de ampliar su mandato, e incluso haber afirmado que la “Ley Bonilla” --tan antidemocrática y contraria a la voluntad ciudadana--, sería mantenida por la Suprema Corte.

Con todo, creo que el juicio frente a Sánchez Cordero deberá hacerse a posteriori y sin la carga de misoginia que ha enfrentado por parte de quienes han juzgado su labor con más severidad que la que emplearían para calificar a un hombre. Por ejemplo, nadie le dice al secretario Jorge Alcocer que es un florero tanto como se lo dijeron a la exsecretaria, un calificativo que fue alimentado desde dentro del propio gobierno.

Recordemos que ella misma criticó el trato que recibía en las reuniones de seguridad del gabinete. Si pensamos que nunca antes en la historia habíamos visto a una funcionaria de ese nivel expresarse abiertamente sobre la violencia de género sufrida por sus pares, no cabe duda que su presencia en esta administración coadyuvó a un cambio cultural.

POR HERNÁN GÓMEZ BRUERA
HERNANFGB@GMAIL.COM 
@HERNANGOMEZB

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