TIEMPO DE INFRAESTRUCTURA

Distopía de la inversión en México

Una forma de medir la inversión física es la formación bruta de capital fijo, que está dada por recursos públicos y privados

Fausto Barajas/ Colaborador/ Opinión El Heraldo de México
Escrito en OPINIÓN el

La Real Academia Española define a la distopía como la representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana. Sin embargo, la distopía de inversión en México está dada por la alienación de un humano que por tener una representación ficticia del presente inhibe la inversión y proyecta una sociedad futura con características negativas. 

Todas las economías para desarrollarse requieren inversión en capital humano y en capital físico. Una forma de medir la inversión física es a través de la Formación Bruta de Capital Fijo (FBKF), que está dada por la inversión pública y privada en activos físicos no financieros; es decir, bienes tangibles como maquinaria, construcción, entre otros.

Con la llegada del presidente Andrés Manuel López Obrador al poder, la confianza para la inversión se esfumó; y la FBKF en 2019 se ubicó en 20.7 por ciento del PIB, el menor porcentaje desde 2005.

Es por todos conocidos que el ambiente de inversión se deterioró por la cancelación del aeropuerto de Texcoco, de las rondas petroleras, de las subastas eléctricas, de la planta cervecera en Baja California o de la cancelación a mano alzada del metrobús en Durango. Esto llevó a que México haya quedado fuera por dos años consecutivos de la lista de los 25 países con mayor atractivo para la inversión extranjera directa que publica la consultora A.T. Kearney.

Dando un paso atrás para ver una perspectiva de largo plazo y más allá de las fronteras, vale la pena observar la relación de la FBKF y el crecimiento en algunos países.

Por un lado tenemos a los países que han invertido en un nivel que hoy pareciera utópico para México. Entre 2000 y 2019, China invirtió en promedio anual 40.5 por ciento de su PIB que le permitió tener un crecimiento de 9.0 por ciento cada año; e India con una inversión de 30.9 por ciento creció a un ritmo de 7.0 por ciento.

La realidad de inversión y crecimiento en Chile fue 22.3 por ciento y 3.7 por ciento respectivamente; mientras que para México fue de 21.5 por ciento de FBKF como porcentaje del PIB y crecimiento de 2.1 por ciento.

El sentido común nos lo dice y los datos nos lo confirman, a mayor inversión, mayor crecimiento. Por eso es ilógico que el Presidente actual que siempre criticó el magro crecimiento del PIB mexicano en niveles de 2.1 por ciento hoy esté reduciendo la inversión a pesar de prometer niveles de crecimiento entre cuatro y seis por ciento.

Ahora veamos las prioridades de inversión en el sector público por sexenio: Vicente Fox destinó en promedio anual 11.0 por ciento del presupuesto federal a inversión física; Felipe Calderón lo hizo en 16.3 por ciento, la mayor tasa en 20 años; Enrique Peña Nieto invirtió 14.5 por ciento; y el actual Presidente destina sólo 10.3 por ciento.

Si esta inversión pública la planteamos en términos del PIB, en el sexenio de Felipe Calderón hubo años como 2009 y 2010 que se alcanzó casi cinco por ciento del PIB; sin embargo con AMLO en 2019 se tocó fondo al invertir sólo 2.3 por ciento del PIB.

Sin embargo, el gobierno ha intentado revertir la percepción de la realidad con discursos y anuncios, no con inversión tangible.  El 5 octubre de 2020 anunció un paquete de 39 proyectos por 297 mil millones de pesos y para el 30 de noviembre del mismo año anunció otro paquete de 29 proyectos y 229 mil millones de pesos; para un total de 68 proyectos y 526 mil millones de pesos.

La mayoría de la inversión está prevista en el sector energético tradicional en proyectos como las coquizadoras de Tula y Cadereyta que consumirán 13 por ciento del total de los recursos; además de otros proyectos que no se ve para cuando arranquen, como el tren México-Querétaro que representa casi 10 por ciento de la inversión anunciada, pero no inicia ni con los estudios para replantear el proyecto lanzado por el presidente Peña Nieto. 

Marcando la distancia a la distopía de inversión que vive el país, es importante apuntar algunos elementos que deberían tomar en cuenta los gobernantes.

• Marcar una visión de largo plazo en infraestructura con un enfoque de sustentabilidad.

• Marcar metas de FBKF de 30 por ciento del PIB de aquí a 2030, con una participación pública con seis puntos porcentuales.

• Destinar recursos para el desarrollo de bancos de proyectos de infraestructura a nivel federal y de gobiernos locales.

• Compromiso político para detonar la inversión, trabajando de forma coordinada el Poder Ejecutivo, el Legislativo y gobiernos locales.

• Recuperar la confianza del inversionista privado nacional y extranjero.

• Implementar una estrategia de formación de capital humano en la academia y fortalecer la capacitación de los servidores públicos inmersos en el ciclo de vida de los proyectos.

• Integrar un equipo de trabajo de alto nivel para coordinar y llevar a la ejecución lo planeado.

POR FAUSTO BARAJAS CUMMINGS 

ESPECIALISTA EN INFRAESTRUCTURA 

@FAUSTOBARAJAS

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