El efecto tortilla y el voto

La Profeco ha hecho un buen trabajo a través de programa Quién es Quién en los Precios para evitar abusos ante el incremento global de su precio, pero eso no nos explica a los mexicanos que “nos alcanza para menos”

El efecto tortilla y el voto
Óscar Sandoval / Colaborador / Opinión El Heraldo de México

Lo que podría ser una costumbre y/o necesidad del mexicano, ir a la tiendita de la esquina o recaudería a diario a comprar lo que necesitamos para la comida del día, es un indicador económico de dos caras que cobra especial relevancia en tiempos electorales. 

Una cara, es la expresión literal de “vivir al día”; y, la otra, es el termómetro de la inflación más allá de los datos oficiales. En este espacio hemos señalado el fenómeno de que la situación económica actual y la percepción futura no han necesariamente afectado, como señala la teoría, la imagen del Presidente. ¿Estamos suficientemente templados los ciudadanos para que no afecte nuestra decisión electoral? 

En la primera semana de mayo el precio de la tortilla alcanzó los 20 pesos por kilo que contrasta con los $18 de una semana antes; en marzo, por ejemplo, podías comprarlo en tortillería hasta en 12.80. Es un hecho, ha habido un incremento hormiga por regiones. 

La Profeco ha hecho un buen trabajo a través de programa Quién es Quién en los Precios para evitar abusos ante el incremento global de su precio, pero eso no nos explica a los mexicanos que “nos alcanza para menos”.

La producción global de maíz es liderada por Estados Unidos con un 32%, seguido de China (23%) y Brasil (10%). El 35% restante se siembra en el resto del mundo. 

México es deficitario en la producción de maíz grano amarillo y aunque se busca compensar con maíz blanco en el que contamos con suficiencia interna, estamos entre los cinco principales clientes de EE. UU, quien exporta el 17.5% de su producción y el 26.6 por ciento lo utiliza para producir combustible de etanol, que muchos señalan como parte del futuro energético.

La promesa del presidente López Obrador de la mano de la secretaria Nahle es que en 2023 seremos autosuficientes en gasolinas y diésel, y, que como consecuencia no habrá aumentos en los precios de los combustibles. 

Tal vez, tal vez, esto resuelva una lucha social en contra de las reglas de la economía global, pero no es el único reto y de suceder, no pasará antes de la elección de medio término. 

En política y economía hay cosas que suceden a pesar del deseo o de la presión que un Gobierno poderoso en posiciones políticas, legislativas y judiciales, e incluso con altos niveles de apoyo al titular del Ejecutivo puede llegar a hacer. 

En el caso del maíz se escuchan voces que señalan que hay presiones para que, a pesar del alza en insumos, los precios no se eleven. Desde el punto de vista político, todo gobierno lo haría. El problema esta en que a la economía familiar no se le engaña fácilmente y menos a través de buscar generar quimeras en el pueblo sabio. 

Más allá de las encuestas, en estas elecciones hay muchos factores que esmerilan los resultados probables. El efecto tortilla -alza en los precios, presiones para bajar márgenes de utilidad de los tortilleros, contrastes entre lo que me dice “el presidente que apoyo” y lo que veo y percibo en mi economía- puede ser uno de ellos. Gobernar no es solo comunicar, es que lo dicho se perciba como resultados. 

POR ÓSCAR SANDOVAL
CONSULTOR, SOCIO DE 27 PIVOT
OSANDOVALSAENZ@27PIVOT.COM
@OSANDOVALSAENZ

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