Para la historia nadie es indispensable

Es una actividad colectiva, en ella participan de manera relevante personajes fundamentales de la religión, de la política y de la cultura

Para la historia nadie es indispensable
Alfredo Ríos Camarena/ Columna Invitada/ Opinión El Heraldo de México

El aforismo del gran Tribuno Romano Cicerón señala: La Historia es la maestra del hombre. Estando de acuerdo con dicha afirmación, la pregunta sería ¿Qué es lo que enseña la Historia?

No se trata sólo del relato coherente de acontecimientos en los que se desarrolla la actividad humana. La Historia pretende entender las claves del pasado para permitirnos una visión del futuro.

Sobre esta premisa existen visiones interesadas en determinadas corrientes políticas como la de “El Tercer Reich” que –sin ninguna racionalización— hablaba de mil años de ese sistema fascista. Otras más, como quienes plantearon el “Destino Manifiesto”, entre ellos el autor John L. O'Sullivan quien –desde 1845–estableció en su artículo “Anexión” en la revista Democratic Review de Nueva York “la apropiación del territorio ajeno por una voluntad divina”; el propio Samuel Huntington hace una proyección sobre el “Choque de las Civilizaciones” y Francis Fukuyama manifestó el “Final de la Historia”. No obstante, estas concepciones carecen de evidencia científica.

En cambio, otras teorías como la de Oswald Spengler sobre la “Decadencia de Occidente” y Arnold Toynbee con la “Teoría Cíclica sobre el Desarrollo de las Civilizaciones” y, desde luego, el “Materialismo Histórico” que explica el Marxismo, señala –sin lugar a duda— que las aspiraciones humanas han avanzado y progresado a lo largo del tiempo para mejorar las libertades y, sobre todo, la distribución de los bienes y servicios, el concepto de la propiedad y la interrelación entre las fuerzas productivas.

La Historia es una actividad colectiva, en ella participan de manera relevante personajes fundamentales de la religión, de la política y de la cultura, como Jesucristo, Buda, Gandhi o Einstein, o bien, políticos como Churchill, Napoleón, Lincoln o Bolívar. Su participación es fundamental, pero con ellos o, sin ellos, la Historia ha tenido avances y retrocesos.

El Presidente López Obrador ha señalado lo indispensable que puede ser un hombre y, para tal efecto, ejemplifica con héroes extraordinarios de nuestra historia como Hidalgo, Juárez y Lázaro Cárdenas. Sin quitar un ápice de sus merecimientos, habrá que subrayar que Hidalgo no hubiera podido dar el Grito de la Independencia sino se hubiera producido la invasión de Napoleón III a España; tampoco el gran Presidente Juárez podría haber vencido al ejército invasor de Maximiliano de Habsburgo, si las tropas francesas no hubieran sido retiradas por las crisis entre Francia y el Imperio Austro-Húngaro; la epopeya heroica de la Expropiación Petrolera que realizó el Presidente Cárdenas no habría sido posible si las condiciones de los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial lo permitieran.

La Historia es el producto de una humanidad que avanza y sus ruedas inexorablemente giran hacia objetivos superiores que no hemos alcanzado, de los que señalamos dos fundamentales: 1) La paz mundial, para terminar con la guerra y el exterminio absurdo de integrantes de nuestra raza; 2) El acceso a los bienes, a la cultura, a la educación, a la vivienda digna, a la satisfacción de las necesidades básicas, para que el progreso espiritual de nuestro género alcance un mejor destino.

En nuestro mundo, en nuestro tiempo, en nuestra Historia, nadie, absolutamente nadie es indispensable.

POR ALFREDO RÍOS CAMARENA
CATEDRÁTICO DE LA FACULTAD DE DERECHO DE LA UNAM

jram


Compartir