La cultura de la misoginia, o ‘No soy yo, eres tú’ en primera persona

Es difícil desprenderse de los conceptos de misoginia y machismo, que son dos conocidos íntimos, incómodos pero tan cercanos

La cultura de la misoginia, o ‘No soy yo, eres tú’ en primera persona
Julén Ladrón de Guevara/ Colaboradora/ Opinión El Heraldo de México

En nuestro país, el día internacional de la mujer dejó de ser una conmemoraciones más porque se convirtió en una fecha realmente significativa para muchas de nosotras, y no es por causas nobles. Resulta que el tiempo no ha mejorado las cosas y por lo visto, se van a complicar más antes de que la curva de la violencia en contra de nosotras descienda. La verdad no comprendo por qué suceden estas cosas, lo que no significa que desconozca las causas y la multiplicidad de facetas que tiene la misoginia porque la he visto, la he vivido y he observado cómo se come el alma de las personas que la padecen en sus peores formas.

Entre otros, el problema de México es que la hemos fomentado desde el seno de nuestras familias, porque hemos sido educados para tolerarla, para ejercerla y para tardarnos en identificarla cuando la toleramos o la ejercemos. Todos hemos hablado de ello y no terminamos de entender de qué se trata, aunque a unos nos queda más claro que a otros, por eso hay que señalarla. El tratar de comprender el machismo no ha sido suficiente, así que hay que señalarlo cada vez que resurge y enseñarle a los demás en qué consiste, pero primero nos la tenemos que creer.

La parte crítica de todo esto, es que muchas de las personas que más amamos son violentas de palabra, obra u omisión con las mujeres de su entorno, y eso duele, porque al final las toleramos con tal de mantener la paz. Por otra parte, para algunas personas el ser mujer no es suficiente porque hay que casarse y ser madre para merecer el respeto de la comunidad.

En lo personal lo he experimentado porque formo parte de una familia católica rayana en lo fanático, muy cerrada y a la que percibo con un comportamiento medieval con el que no concuerdo. Debido a que tengo 46 años, nunca me he casado y no tengo hijos, algunas de mis tías piensan que mi vida ha sido en vano, y que estar sola es un merecido castigo por cobarde, por no atreverme a estar embarazada o a tener a un hombre que complemente mi apellido.

“Eso te pasa por sentir que nadie te merece”, me dijo una hace poco, como si ser independiente, escritora o ser una mujer inteligente fuera de gente malvada. Además, mi condición de soltera les da pie para intentar tratarme como menor de edad o para preguntarme con tono de recriminación “¿Y por qué no te has casado?”.

Por suerte, esto no me afecta y ellas viven muy lejos, pero he visto cómo la mayoría de las mujeres de mi familia viven relaciones tristes de las que no se pueden escapar, porque son estas mismas tías quienes las presionan para que se casen y embaracen jóvenes, traspasando su tutela a un nuevo amo, como si fueran débiles intelectuales o incapaces de sobrevivir por sí mismas.

Además las custodian de por vida para que no escapen de sus matrimonios, sobre todo porque tuvieron a Dios como testigo aunque esas alianzas las haya diseñado Satanás. Lo triste es que esta entre miles de anécdotas más, es una muestra de botón del nivel de educación al que se ven sometidas muchas de las mujeres que repiten la misma historia con su propia descendencia.

Si ni siquiera sabemos enseñar lo que conlleva formar parte del universo femenino, cómo vamos a explicar lo que significa el concepto de misoginia y machismo, que son dos conocidos íntimos, incómodos pero tan cercanos, que es difícil desprenderse de ellos.

POR JULÉN LADRÓN DE GUEVARA
CICLORAMA@HERALDODEMEXICO.COM.MX
@JULENLDG

 

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