COLUMNA INVITADA

Kamala, a prueba

El gobierno de Biden no se preparó bien ante un escenario de crisis migratoria en la frontera sur

OPINIÓN

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Beata Wojna/ Colaboradora/ Opinión El Heraldo de México

Finalizando el primer trimestre del año, la política exterior de la nueva administración estadounidense empieza a tomar más cuerpo. Se ve con mayor claridad la estrategia de volver al escenario internacional mediante la reconstrucción de las alianzas con los viejos amigos de Europa y Asia. 

La comunicación regresó a los carriles conocidos y aceptados internacionalmente. Hay una apuesta por el multilateralismo y por la promoción de la democracia “sin olvidarse del uso de la fuerza”, y ser pragmático en caso necesario. 

Asimismo, hay continuidades en la definición del interés nacional para Estados Unidos, y quizás menos rupturas de lo esperado, especialmente en el tema de China. 

En el documento titulado Orientación Provisional sobre la Estrategia de Seguridad Nacional (Interim National Security Strategy Guidance), del 3 de marzo, Joe Biden destacó tres prioridades para su gobierno: garantizar la seguridad de los ciudadanos estadounidenses, expandir la prosperidad económica y defender los valores democráticos. 

Asimismo, en esta especie del “anticipo” de las bases de la política de seguridad de esta administración, enumeró cinco desafíos para Estados Unidos: amenazas transnacionales; erosión de las normas democráticas; amenazas que emanan del cambio en la distribución del poder global “destacando el surgimiento de China”; desafíos al orden internacional liberal y los avances de la tecnología.

Ahora bien, en la política internacional, lo importante y lo definido en los documentos no siempre coincide con lo urgente. 

Desde el comienzo de su mandato, la administración de Biden se dedicó a acorralar a China para mostrar señales de fuerza e inflexibilidad frente a este país. No obstante, la verdadera crisis, la migratoria, le ha estallado hace pocos días en la frontera con México. 

Lo más incomprensible en este contexto es que la llegada masiva de los inmigrantes era previsible, debido a los anuncios de una nueva política migratoria y a la eliminación de varias medidas “de contención” introducidas en los tiempos de Donald Trump. 

La administración de Biden no se preparó bien para esta eventualidad y si no consigue solucionarla rápido, las imágenes de los migrantes que intentan cruzar la frontera y de los niños migrantes que duermen en condiciones inhumanas empañarán lo logrado por la administración hasta la fecha, tanto en la política internacional como en la política interna.

Desafortunadamente en los temas migratorios no hay recetas fáciles ni rápidas, especialmente cuando se aspira a mantener la coherencia entre los principios y las soluciones prácticas. 

Cuando hay miles de personas en la frontera, la propuesta de un fondo de cuatro billones de dólares para Centroamérica es demasiado lejana. 

Y como lo demuestra la crisis de los refugiados de Siria que vivió Europa hace unos años, las crisis migratorias pueden dinamitar a los gobiernos más sólidos. 

Será, sin duda, el primer examen para la vicepresidenta Kamala Harris, encargada de resolver este difícil rompecabezas.

POR BEATA WOJNA
PROFESORA DE RELACIONES INTERNACIONALES EN EL TECNOLÓGICO DE MONTERREY
@BEATAWOJNA

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