Yucatán: bastión y modelo de seguridad

Las autoridades de seguridad son respetadas como parte de una cultura de legalidad

Yucatán: bastión  y modelo de seguridad
Manelich Castilla Craviotto / Colaborador / Opinión El Heraldo de México

Muchos años he puesto a mi tierra, Yucatán, como ejemplo de una sociedad que influye en la construcción y mantenimiento de entornos seguros. Amigos y familiares comparten su temor hacia cierto sector de foráneos que llegan a la entidad tras huir del caos de las grandes ciudades. Los ven como una amenaza a la tranquilidad. No es que desprecien a quienes buscan con ilusión lograr una vida familiar sana y segura en la península. No. El yucateco es sinónimo de calidez, amabilidad y hospitalidad. Sin embargo, reacciona ante señales que atentan contra su serenidad histórica.

Por citar una de las conductas que preocupan, hay quienes, acostumbrados a manejar en ciudades con nulo respeto a las normas de vialidad, poco les importa modificar sus malos hábitos al volante para armonizar con el sistema que por décadas ha regido en Yucatán, donde se respetan los discos de alto, calles con preferencia de paso, acceso ordenado a las glorietas o vueltas continuas.

Tras el terremoto de 1985, el crecimiento poblacional de Yucatán se ha mantenido al alza. Si bien muchos proyectos de vida no prosperan ante la imposibilidad de adaptarse a las condiciones climatológicas que imponen los 40 grados de calor húmedo, ello no ha sido obstáculo para que las últimas décadas la entidad se haya transformado para albergar a decenas de miles que llegaron para quedarse.

Pero este texto no pretende analizar a detalle el fenómeno de migración y adaptación al estado de Yucatán. Sí, en cambio, hacer una breve reflexión sobre cómo mantener un bastión de seguridad y paz en nuestro país. 

Un entorno seguro se logra a través de una fórmula conocida: unión de sociedad y gobierno. Las autoridades de seguridad son respetadas como parte de una arraigada cultura de obediencia a normas sociales y jurídicas. El primer síntoma de descomposición de un entorno se manifiesta al quebrantar normas de carácter cívico. Por ello, pretender modificar la cultura doméstica de una sociedad como la yucateca, es apostar a perder su condición de entidad segura y pacífica. Y es ahí cuando la sociedad hace valer su peso y arraigo.

La organización México Evalúa colocó a Yucatán en el segundo lugar nacional de crecimiento en homicidios dolosos durante 2020, con un 51% más con relación a 2019. Para poner en perspectiva, las entidades con mayor crecimiento porcentual en dicho rubro fueron:  Zacatecas (56%), San Luis Potosí (44%), Michoacán (43%), Guanajuato (35%), Sonora (26%) y Campeche (25%). De esas entidades, las únicas que no pudieran explicar sus homicidios en el contexto de las disputas del crimen organizado, son precisamente Yucatán y Campeche.

Minimizar esas cifras bajo el argumento de que “aun son pocos” comparados con otras entidades, (Yucatán tuvo 26 homicidios en 2020 y 16 en 2019), sería el inicio de la debacle.

Yucatán es baluarte de seguridad y paz; un modelo que merece replicarse. Una fisura que le dañe tendría consecuencias lamentables para todo el país.

 

POR MANELICH CASTILLA 
COLABORADOR 
@MANELICHCC
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