COLUMNA INVITADA

Con la sonda en la mano

En sentido contrario, quienes abordan la actividad política por simple interés mercantilista, como fuente de riqueza y privilegios llevan la métrica en el bolsillo y su única brújula es la visión patrimonialista de los cargos públicos y de dirección partidista

OPINIÓN

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José Encarnación Alfaro Cazares/ Colaborador/ Opinión El Heraldo de México

Hace 45 años, el entonces presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, Don Jesús Reyes Heroles publicó un libro en el que se compilan sus discursos políticos como dirigente partidario de 1972 a 1975. El título me llamó entonces mucho la atención “Avanzar con la sonda en la mano”. Y es que Don Jesús Reyes Heroles como dirigente partidario era a la vez académico y pensador político, ideólogo de avanzada para su tiempo que hablaba y escribía no sólo para sus oyentes y lectores contemporáneos; estudioso de la historia su pensamiento le dio sustento real en los cimientos del liberalismo mexicano y trazó la ruta ideológica del PRI; hasta que sus dirigentes soltaron la sonda y perdieron el rumbo. 

Desde su publicación el libro es de lectura obligada para quienes desde una formación liberal y democrática abrazan por vocación la actividad política. Por la vigencia de sus conceptos y la claridad de la visión con la que aborda la línea de dirección política partidista en un momento particularmente delicado en el proceso de transformación democrática de México, el libro es de lectura recomendada para quienes integran la actual dirigencia del PRI, suponiendo que les gusta leer. 

“Con la sonda en la mano” en política significa que se actúa con el conocimiento objetivo de la realidad, con el estudio del terreno en el que se opera, con el análisis cuidadoso de la dimensión y los alcances de las fuerzas con las que se interactúa y con la certeza de que la acción a realizar congrega voluntades, suma fuerzas y amplia horizontes en la construcción del proyecto ideológico por el que se trabaja. En sentido contrario, quienes abordan la actividad política por simple interés mercantilista, como fuente de riqueza y privilegios llevan la métrica en el bolsillo y su única brújula es la visión patrimonialista de los cargos públicos y de dirección partidista. 

En este contexto, la integración de la Comisión Preparatoria de la XXIII Asamblea Nacional del PRI es el punto que marca el inicio de la línea final para definir su futuro como partido político; es la última oportunidad para emprender la ruta de su refundación. Una comisión integrada para cumplir formalidades anacrónicas sin una propuesta real de deliberación abierta y libre, democrática e incluyente; o lo que sería peor, una comisión integrada para controlar, simular y excluir fuerzas divergentes para imponer criterios y decisiones que sólo favorezcan a la camarilla dirigente, sería la solución final para sepultar al partido histórico de México o convertirlo en un apéndice del partido en el poder. La Comisión Preparatoria de la Asamblea Nacional debe ser la sonda que advierta, oriente y conduzca la efectiva refundación partidista. 

La XXIII Asamblea Nacional del PRI debe ser un ejercicio que motive y concite a su militancia para reconstruir sus fortalezas a partir de la deliberación crítica y constructiva; sin simulaciones escenográficas ni autoengaños diseñados desde la cúpula dirigente. Un PRI fuerte es necesario para la transformación democrática del País; en cambio un Partido anclado en un pasado sin retorno pasará del deslave de su fuerza electoral al intrascendente papel de franquicia política al servicio de aventureros y oportunistas. 

POR JOSÉ ENCARNACIÓN ALFARO CÁZARES
@JOSEEALFARO 

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