Quebranto de salud, en Israel

Hace pocos días me tuve que operar en el hospital Hadassah Ein Kerem, de Jerusalén. No soy una persona que necesita sufrir un percance para apreciar lo que tiene. Pero es bueno también saber escribirlo y expresarlo públicamente.

Quebranto de salud, en Israel
Jana Beris / Así lo veo yo / Opinión El Heraldo de México: Especial

JERUSALÉN: Hace pocos días me tuve que operar en el hospital Hadassah Ein Kerem, de Jerusalén. Ya estoy de regreso en casa, rodeada del amor de mi familia y amigos. No soy una persona que necesita sufrir un percance para apreciar lo que tiene. Pero es bueno también saber escribirlo y expresarlo públicamente.

No es poca cosa poder entrar al hospital y tener la certeza que estaré en las mejores manos posibles. Sentir la delicadeza y firmeza al mismo tiempo de los cirujanos que me operaron, el profesor Uzi Yizhar y el doctor Ori Wald, quienes me habían dado inclusive sus teléfonos celulares "por cualquier pregunta que te surja".

 Ver a los tan variados sectores de la ciudadanía israelí cruzándose en los corredores de Hadassah. Recibir la visita de los médicos al comienzo del día, en la que se mezclaban los nombres hebreos con los árabes, como el doctor Ahmed Mahajne, el médico del equipo de futbol Hapoel Umm el-Fahem, al que entrevisté hace meses sobre su especialización en cirugía de tórax en Hadassah. Y al terminar la internación, minutos antes de salir, el doctor Islam que me sacó algunos de los últimos cables que aún tenía conectados.

Esto, mientras poco antes, en la sala de espera de las familias, vi a una señora cubierta con su atuendo islámico, postrada sobre una alfombra orando en dirección a La Meca. En un hospital israelí, esto nunca parece extraño. 

Y si no hubiera estado en el CTI, habría pedido entrevista a Balkis, la enfermera jovencita de Abu Ghosh, que terminó hace sólo un mes de estudiar, y parece haber nacido para esto, irradiando una seguridad y abnegación impactantes. 

No la entrevisté, pero no podía dejar de conversar con ella y preguntarle cómo se siente en el hospital, cómo ve el muy conocido tema de judíos y árabes trabajando juntos y atendiendo juntos a judíos y árabes. "Esto es muy especial. Cuando terminé mis estudios, temí tener problemas para encontrar trabajo, por mi aspecto", me dijo señalándose el hijab  que le cubre la cabeza. "Nada más lejos de la realidad", confirmó.

Gracias a ella y a todos los demás miembros del personal médico. Y a Iris, que estaba en el turno de la noche y respondía con una amplia sonrisa a cada pedido de ayuda. A Sharon, que aún estudia para ser enfermera, y ya muestra que tiene lo necesario. A Tzofia y Halá, una judía y otra árabe, que tenían juntas a su cargo mi sector. 

Y a Luai, el enfermero de sonrisa amplia al que le tocó turno con Baklis. 

Y a Shirin, otra enfermera con hijab a la que ya había conocido meses atrás cuando entrevisté allí al gran cirujano doctor Samuel Moscovici. Y a Mor, que me recibió el día antes de la operación con gran calidez.

Y, por sobre todo, a mi enfermera preferida, mi adorada cuñada Claudia, que es como una hermana, que tanto orgullo nos da a la familia por como es y por el lugar que se ha hecho, de enorme respeto profesional, por su calidad humana y su dedicación. 

POR JANA BERIS
PERIODISTA


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