Democracia electoral

Y me refiero a la democracia en su acepción más amplia, que es el ejercicio del poder del pueblo a través de procesos electorales libres y organizados bajo los principios rectores de la democracia electoral que se definen en la Constitución Política de la República

Democracia electoral
José Encarnación Alfaro Cázares / Columna Invitada

Como resultado del estilo personal de gobernar del presidente López Obrador, en medio de la crisis sanitaria, económica y de seguridad que vivimos, se puede afirmar que la democracia corre un grave peligro. Y me refiero a la democracia en su acepción más amplia, que es el ejercicio del poder del pueblo a través de procesos electorales libres y organizados bajo los principios rectores de la democracia electoral que se definen en la Constitución Política de la República.

Existen diversos adjetivos en relación con el concepto de democracia, tales como democracia social, democracia económica, democracia cultural, como objetivos de un régimen democrático; sin embargo, la democracia electoral es condición imprescindible para lograr los objetivos sociales, económicos y culturales de la sociedad. Y democracia electoral no es otra cosa que el ejercicio del poder de la sociedad a través del voto, para integrar y dar dirección a los órganos del poder público. Existen también otras modalidades de participación de la sociedad en los asuntos públicos, como son los procedimientos de democracia participativa o democracia directa que se desarrollan en las figuras de referéndums, consulta popular, iniciativa ciudadana o revocación de mandato; todos estos ejercicios forman parte de lo que se conoce como  “democracia plebiscitaria”, que son complementarios de la democracia electoral, pero no tienen ninguna injerencia en el proceso de integración del poder público en el que el pueblo delega el ejercicio de su soberanía.

El uso y abuso de la democracia plebiscitaria es una forma de dominación carismática propia de caudillos mesiánicos y autoritarios. En opinión de Max Weber “representa la ideología de la dictadura contemporánea”; y en este sentido, el constitucionalista francés Georges Burdeau, afirma que “a través de la consulta popular se pide al pueblo que diga qué quiere, pero en realidad lo que se espera y lo que resulta es la confirmación de la propia voluntad del líder”. En este contexto se ubica la insistencia del presidente López Obrador de empatar con las elecciones de junio del 2021 un procedimiento de democracia plebiscitaria con la consulta popular, en la que, en realidad, no se preguntará nada, porque el verdadero objetivo es la medición de la popularidad del caudillo en las urnas para impactar en el proceso electoral y lograr un sesgo a favor de su Partido.  

En este contexto, el reto de los Partidos Políticos y de las organizaciones ciudadanas será la participación decidida para la vigilancia y defensa de la democracia electoral, en el complejo proceso que ya dio inicio y que concluirá en junio de 2021 con la elección de 21,368 cargos públicos; en el entendido de que sin una alianza opositora sólida y funcional, que derive en candidaturas electoralmente exitosas para lograr una nueva conformación del poder público en el País y en las Entidades Federativas, los reclamos sociales frente a los excesos del régimen de la 4T serán expresiones lanzadas al vacío y quedarán en el caos de la fragmentación sin rumbo. Frente a la pretensión de imponer la democracia plebiscitaria como expresión de la transformación del régimen político, se impone la defensa de la democracia electoral como fuente única de legitimidad democrática.

 

POR JOSÉ ENCARNACIÓN ALFARO CÁZARES 

COLABORADOR

@JOSEEALFARO


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