Agoniza la venta de calaveritas

La pandemia inhibe la producción y consumo de los dulces de ornamento... aun con cubrebocas

Agoniza la venta de calaveritas
SE LO PONEN. Para tratar de estar al día y estimular a los consumidores, Juanita Alarcón añadió tapabocas a gran parte de sus modelos. Foto: Leslie Pérez

Heridas de muerte, las calaveritas de azúcar, chocolate y amaranto se esconden del COVID-19 para no ir al panteón. Esperan impacientes a que pasen los fieles difuntos, y en tanto, confían que pronto llegue la vacunación.

La producción y venta de este tradicional dulce de ornamento para el Día de Muertos disminuyó hasta en 50 por ciento debido al aislamiento social.

Juanita Alarcón, propietaria de la dulcería que lleva su nombre, en el pueblo de Santa Cruz Acalpixca, en Xochimilco, señaló que la gente todavía tiene miedo de salir y contagiarse, por lo que, para no tirar el producto, pidió a sus trabajadores detener la producción.

“Le dije a mi nuera que ya no hagan porque prefiero que falte y no que sobre, porque ¿qué le hago después a todo?”, comentó.

Las bajas ventas orillaron a que algunas variedades no se elaboraran, como las de semilla de girasol, cacahuate, pepitas o membrillo.

“Vamos a Ozumba a traer el membrillo y de eso se hace la calavera, pero ahora no quisimos irnos a lo grande. Hicimos unas poquitas porque ya saben que aquí las encuentran, también de guayaba, pero mi esposo ya no quiso volverlas a repetir”, añadió.

Mientras preparaba las calaveritas del número cinco de miel con amaranto, Miguel Terán Dávila explicó que el año pasado se elaboraban hasta 600 piezas diarias, más pedidos especiales, y en esta ocasión bajaron su producción considerablemente.

“Me aventaba 30, 40 de cada tamaño, pues hay varias medidas, este es del número cinco. Antes eran 500, 600, y este año sólo 200”.

Alarcón, dulcera de tercera generación, recordó que en años anteriores esperaban a los niños con una mesa con calaveritas para decorarlas, pero este año los niños no llegaron.

“Los niños no vienen; antes llegaban a decorar su calaverita. Colocamos en la entrada una mesa y hacíamos muchas, y ya los chamacos compraban la suya y la adornaban”.

Expuso que de no vender sus dulces, repetirán lo hecho después del terremoto del 19 de septiembre de 2017: acudieron a los pueblos de Xochimilco más afectados y obsequiaron su producto a los damnificados.

Otra opción, expuso, es darlas como calaverita para quienes acudan a comprar en la recta final del Día de Muertos.

 

Por Almaquio García


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