Lugares sagrados de vida

Cuando lees códices, te das cuenta de la existencia de civilizaciones, de la sabiduría de sus sociedades

Lugares sagrados de vida
HISTORIA. Cortesía: Secretaría de Cultura del Estado de Puebla.

El pasado es una historia que a veces tratamos de entender; la razonamos, la interpretamos, pero lo claro es que la forma de vida de lo denominado prehispánico es un origen de sabiduría y conocimiento, una realidad de lo vivido.

Cuando vemos que las formas escenificaron el modo de vivir, de integrar la cultura de cada lugar, de relacionar las astronomías, de tiempos y la sabiduría de conocer la naturaleza, nos preguntamos: ¿de dónde heredaron esos conocimientos? ¿Cómo conocieron la fórmula para el uso de los materiales, para la composición de los colores, para determinar cada espacio de su forma de vida? Porque eso sí, no nada más se hizo arquitectura, no nada más se trazaron ciudades urbanísticamente bien planeadas, sino que ahí vivieron nuestros antepasados.

En cada lugar distribuyeron y determinaron sus usos y costumbres, existieron y quedan las muestras de los lugares religiosos, de los lugares de las vidas cotidianas, los palacios, las viviendas, los grandes templos de la ceremonia religiosa, los mercados, las escuelas, las plazas de unión familiar y hasta sus centros recreativos.

Sabiduría natural

Al recorrer un espacio denominado arqueológico, se integrará a nuestra memoria toda una forma de ser de una gran civilización. Nada es igual, todo es diferente; cada región, por lo menos en el ámbito mesoamericano, presenta una tipología y una gran destreza para haberla conformado. Hay medidas exactas, orientación, y lo más interesante, se combinaban y se interrelacionaban los pueblos y las sociedades del pasado. Cada pueblo se conocía, se interpretaba. Los códices nos lo dicen, cuando los lees, te das cuenta de la existencia de civilizaciones, de la sabiduría de sus sociedades. Planos urbanos, planos de caminos, actividades de la sociedad, vestimentas, conocimiento de los fenómenos naturales y, sobre todo, el agradecimiento a la madre tierra.

Cómo no poder decirlo: la existencia de los orígenes, de los pueblos y de la forma de ser de la sociedad, nos hacen ver la resistencia de nuestra vida, de saber más de lo que empezó en los años milenarios y que continúa hasta la época actual. Podrán venir invasiones, cambios con las nuevas culturas que nos han llegado, nuevas formas de interpretar o de querer integrar culturas de otros sitios, lugares o continentes, pero la gran historia, es que aún somos y mantenemos parte de nuestros orígenes.

Es así como los pueblos y lugares originarios mantendrán la gran cultura del pasado; no nos quita ser futuro, ni nos quitará integrarnos a la sociedad, a los conocimientos de las tecnologías o de las formas interpretativas de lo que nos puede llegar de otros lugares. Lo que sí es cierto, es que en Mesoamérica –en los pueblos, en los centros ceremoniales y en las grandes interpretaciones que vivimos día a día– hay una gran cultura y hay una gran enseñanza. Las matemáticas, las lenguas, la escritura, la música, las tradiciones y los usos y costumbres se mantienen; serán siempre parte fundamental para que la sociedad mantenga la forma de ser en su futuro de vida.

Analicemos los códices, observemos las formas y entendamos este conocimiento.

Por Sergio de la Luz Vergara Berdejo


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