Ludwig Van Beethoven, la grandeza del espíritu humano

En 1824 su despertar espiritual llegó a su cumbre al estrenar la composición musical más famosa de la historia: la Novena Sinfonía, que es una oda a la fe en el hombre

Ludwig Van Beethoven, la grandeza del espíritu humano
Ludwig Van Beethoven muere el 26 de marzo de 1827. Foto: Especial

Ludwig Van Beethoven, en 57 años de vida, legó “una obra monumental que ha trascendido a lo largo de los siglos, impregnada de una intensa expresividad, que se ha vuelto parámetro de perfección e himno compartido de los seres humanos”, escribió Max Steinitzer.

Beethoven nació en Bonn, Alemania,  en las riberas del río Rinn, el 16 de diciembre de 1770. El abuelo paterno llamado también Ludwig, fue director y cantante del coro de la corte. Era un emigrado de Brabante, Bélgica. Su padre, Johann, fue tenor. Imaginaba a Beethoven como el nuevo Mozart, y su fuente de ingresos. Los castigos paternos, golpes y encierros, forjaron el espíritu indomable de Beethoven. Y también un aire de amargura.

El compositor Chirstian Neefe lo escuchó tocar el piano a los 7 años de edad en su primer concierto ante la corte. A partir de ese momento Neefe se asumió como su tutor, impulsándolo a perfeccionar sus estudios en Viena, capital mundial de la música, ciudad a la que Beethoven arribó en 1787, con la intención de ser alumno de Mozart, quien apenas alcanzó a escucharlo en una sesión al piano, diciendo “este joven algún día le dará al mundo de que hablar”.

El destino volvería a serle adverso. A las pocas semanas de su arribo a Viena, la muerte de su madre, María Magdalena Keverich, lo obliga a regresar a Bonn. Se hace cargo de la manutención de sus dos hermanos y su padre, quien ahoga su viudez en el alcohol. El carácter retraído y amargo de Beethoven se acentúa. Pero adquiere un puesto como intérprete de  viola en la corte de Bonn, lo que le permite sostener los gastos familiares. Adelanta es sus estudios de composición. Ya había publicado, cuando contaba con once años de edad, sus “Nueve variaciones sobre una marcha de Ernest C. Dresssier”.

El siglo de la Luces  y el espíritu de la revolución Francesa estaban en su apogeo. Kant y Voltaire renovaban el pensamiento filosófico y social, que influyeron en la obra innovadora de Beethoven, quien, a pesar de haber abandonado la escuela, estaba al día en el pensamiento de la época.

Etapa de compositor

Beethoven ansiaba romper las convenciones de la música clásica, experimentando ritmos y melodías que culminarían, en su primera etapa de compositor, con la elaborada Sinfonía No. 8 en do menor, la “Patética”.

Hyden era el músico más célebre en Viena. Y en 1792 decidió ser el tutor de Beethoven, llevándolo de regreso a esa ciudad. Un acto de generosidad y grandeza que cambiaría el destino de la música universal.

Ya instalado en Viena, Beethoven tocaba en recitales ante la corte. En competencias entre virtuosos, ejecutaba con brillantez y energía. Se habla de desmayos y reacciones inusualmente entusiastas entre el público. Beethoven improvisaba y atacaba el piano con una técnica e intensidad que asombraba a los vieneses, generando apoyo de cortesanos a quienes posteriormente confrontaba con desdén. “Sólo hay un Beethoven”, decía el compositor y director de orquesta. No era un empleado, era un creador. En ese sentido es considerado el primer artista moderno.

En abril de 1800, a los 29 años estrenó su primera sinfonía. La crítica y el público la recibieron con beneplácito. La sordera avanzaba implacable al mismo tiempo que las mujeres comenzaban a entrar en su vida. En 1801 compuso la sublime  Sonata “Claro de luna”, para cortejar a Giulieta Guicciardi, quien se casaría dos años después con un conde. Estas decepciones serían el patrón amoroso en su vida. Los ataques de ira recrudecieron. Sufría su condena a la sordera en silencio. Me considero un desterrado, escribió.

Encararía con más vigor su aciago destino. Compuso sonatas, cuartetos y  sinfonías. La Tercera Sinfonía, fue dedicada a Napoleón, pero cuando éste invade Europa y se declara emperador Beethoven retira el nombre de Napoleón de la partitura llamándola “Heroica”.

Revolución musical

En 1808 Beethoven estalla su propia revolución musical con su Quinta Sinfonía. De ese año es la Sinfonía Pastoral, en la cual rememora la naturaleza. Y vuelve a un mundo idílico.

La sordera le impide ser un ejecutante, dedicándose a la composición. La filántropo Antonie Bentrano le despierta un amor profundo.  Para algunos  historiadores ella es la “Amada inmortal”.

De 1814 data la última versión de Fidelio, su única ópera, canto a la solidaridad y a la fe. El estreno fue durante la Conferencia de paz, ya derrotado Napoleón. Fue el himno a la Europa liberada.

En 1820, siete años antes de morir, Beethoven vagaba por las calles de Viena, desaliñado, hundido en la bebida, mientras la música rondaba su cabeza. Iba de mudanza en mudanza, cargando libros, partituras y cartas. Hasta 1860 se descubre en estos legajos la partitura de “Para Elisa”.

En medio de este desamparo Beethoven regresa al estudio de la música eclesiástica. Escribe “La misa solemne”. Beethoven muere el 26 de marzo de 1827. Después de dos días en coma, despierta en medio de una tormenta y con el puño en alto exhala su último aliento.

En 1824 su despertar espiritual llegó a su cumbre al estrenar la composición musical más famosa de la historia. La Novena Sinfonía es una oda a la fe en el hombre,  a la grandeza del espíritu humano. El canto universal de lucha y esperanza que Beethoven  legó a la humanidad.

Por Miguel Ángel Pineda


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