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Colima: Raíces y herencia del mar a la montaña

Colima significa lugar "donde manda el dios del fuego”. Del mar a la montaña, Nico Mejía, chef y embajador del estado, nos adentra a un paraíso para descubrirse con todos los sentidos

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Salineras de Cuyutlán, Colima.Créditos: Gilberto Hernández / @el_peregil

¿Cómo un estado tan pequeño puede albergar tanta grandeza? De la costa a la montaña, Colima es un paraíso agroturístico que no puede entenderse si no se utilizan todos los sentidos. Rodeado de valles, lagunas, montañas, el Pacífico y un Volcán de Fuego que abraza su geografía, Colima es el lugar en donde manda el dios del Fuego y en donde todo florece, sólo basta encontrar el lugar y la temporada ideal; así de espectacular es este estado. Entonces, ¿qué lo hace tan especial?, quizá, que es un México en chiquito. 

Trepando palmeras y árboles tropicales, surfeando sus olas, adentrándose en sus bosques y rescatando usos y costumbres centenarias, el chef colimota Nico Mejía se ha decidido no sólo a hacer de su restaurante, La Sal, el más aclamado de Manzanillo, que justo está celebrando su segundo aniversario, sino que se ha entregado a la titánica tarea de ser embajador en su tierra y contagiar, a quien se deje, de ese orgullo que corre por sus venas. 

Salineras de Cuyutlán, Colima.
Foto: Gilberto Hernández / @el_peregil

UN PARAÍSO LLAMADO CUYUTLÁN

A 40 minutos de Manzanillo, el chef Mejía nos adentra en Cuyutlán, un pequeño pueblo costero de no más de mil seis habitantes, que, aunque modesto, aún mantiene en pie la soberbia estructura de una de las primeras estaciones de tren en un puerto turístico en México, y que también recibió a los primeros turistas para hospedarse en uno de los primeros hoteles de playa de nuestro país.  

Fue el 30 de marzo de 1902 cuando el Gran Hotel de Cuyutlán abrió sus puertas para ofrecer a sus visitantes habitaciones con vista, al mar y servicio personalizado por dos pesos y habitaciones con vista al pueblo y asistencia diaria por 1.75; más de 100 años han pasado, pero Cuyutlán aún conserva su encanto, con todo y que en 1932 fue completamente destruido por una ola verde (tsunami) de más de 20 metros de altura. Hoy, sus arenas casi negras, por los minerales del volcán, son el escenario perfecto para los intrépidos que buscan las olas perfectas para practicar surf.  

Antigua estación del tren en Cuyutlán. 
Foto: Gilberto Hernández / @el_peregil

"NO NECESITAMOS MÁS QUE EL SOL"

Cuyutlán también es hogar de las mejores sales del mundo. La calidad de la sal de Colima, la cual es mundialmente reconocida, asegura Nico Mejía, “radica en que tiene la salinidad exacta para potenciar los sabores y no encubrirlos”. 

Son las lagunas de Cuyutlán las responsables de dar el agua salada, para que, con filtros naturales y técnicas ancestrales, “los artesanos de la sal” sean capaces de obtener en pequeños estanques y mediante los rayos del sol las escamas, que, poco a poco, se van transformando en cristales. El método conocido como sal solar no se ha modificado en 10 siglos, y son los salineros de la Sociedad Cooperativa de Salineros de Colima, encabezados por don Mario, quienes dan continuidad a su extracción, la cual es sustento de cientos de familias de la región. 

La magia de Cuyutlán te envuelve, al ver a sus artesanos barrer y palear la sal que no necesita más que sol para ser; es por ello que Nico Mejía ha puesto en marcha una serie de tours ($1,200) que incluye la entrada al museo, recorrido por las montañas de sal, recolecta de sal en la laguna, así como alimentos y bebidas, para que puedas ser testigo de este milagro de la naturaleza.  

Salinero de Cuyutlán. Foto: Miriam Lira

LA ARTESANÍA MÁS GRANDE DEL MUNDO

En el municipio de Villa de Álvarez, a una hora de Manzanillo, año con año, se alza La Petatera, una imponente plaza de toros que desde hace 165 años se construye en seis semanas con el esfuerzo de 67 familias de Villa de Álvarez, en honor a San Felipe de Jesús, para celebrar las fiestas de febrero, las corridas de toros, y que sorprendentemente es desmontada en un día a finales de mayo. Este monumento único en el mundo, y Patrimonio Cultural e Inmaterial de México, tiene capacidad hasta para cinco mil personas y sus más de tres mil metros están hechos con tecnología fundamentalmente indígena que involucra grandes amarres, petates, madera, bambú, ixtle y maguey.  

La Petatera.  Foto: Miriam Lira

DE PASO POR COMALA

Para comer como dioses, Nico Mejía recomienda ir a Los Portales de Suchitlán (1:15 hrs. desde Manzanillo), un paraíso de tradición en medio de Comala, pueblito soleado de colores, ponches, huaraches, queso fresco, árboles de parotas, calles empedradas con olor a pan recién horneado y hogar del gran pintor Alejandro Rangel; paraíso Rulfiano en el que la aridez y la soledad no están presentes por ninguna parte.  

PLAYAS VÍRGENES 

Nada mejor que cerrar la aventura visitando Majahua, una playa que se extiende al mar abierto con oleaje intenso y en donde la señal no llega ni por error; el lugar perfecto para abstraerse y agradecer la grandeza colimota.

¿QUÉ MÁS HACER?
Colima es gran productor de café. puedes tomar un curso de arábica colimota con Hugo Salazar, gran experto en el estado.

MÁS DE COLIMA
Es gran exportador de limón, 85% se va a otros países. 

BEBIDA DE DIOSES
la tuba es el aguamiel de la palma, se acostumbra tomar con cacahuates. Se dice que el desayuno colimote es tuba, bolillo y mitote.

Foto: Miriam Lira

HOSPEDAJE
Colima ofrece cientos de opciones estupendas para pasar días de ensueño. A 15 minutos de Manzanillo, y entre montañas, El Corazón Resort ofrece un paraíso silencioso y rodeado de naturaleza.

MAJAHUA
Se encuentra a 30 minutos de Manzanillo; es una apacible playa en la que no llega la señal de teléfono ni el internet.

Foto: Miriam Lira

Fotos: Gilberto Hernández / @el_peregil