CÚPULA

Manos que dan forma a la tradición: Los artesanos

Puebla, uno de los estados con mayor riqueza artesanal y de arte popular, nos abre sus puertas para conocer todo ese mundo que lo conforma

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COLOR. Foto: Archivo fotográfico de Daniela Calderón Porter

Hablar de procesos artesanales en la era de mayor impacto tecnológico es un desafío y es todo un reto crear piezas auténticas que preserven los métodos de producción originales, aquellos que se imponen a la producción en masa que actualmente abarca todo nuestro entorno social. Más allá de la industrialización de la vida cotidiana, encontramos objetos únicos que nos representan colectivamente. 

Artesanías, manifestaciones que datan de la época prehispánica, resultado de la creatividad y la imaginación de nuestros ancestros, ideas plasmadas en objetos cuya elaboración se basa en materiales naturales y técnicas manuales, objetos únicos dotados de un alto valor y riqueza cultural, un medio para la identificación de los pueblos, donde las técnicas se transmiten de generación en generación y que funciona además como una representación de las culturas fuera de su lugar de origen.

Cada pieza artesanal es un objeto o producto de identidad cultural comunitaria, creada para existir de forma efímera o duradera, pero siempre como un resultado social, dado por la cultura misma y en el cual sus posibles usos: domésticos, ceremonial, ornato, vestimenta o herramienta de trabajo, son concebidos por sus creadores, cargados de múltiples significados simbólicos —a veces desde los sueños, el misticismo o la naturaleza— por mencionar algunos y que reflejan la cosmovisión de quien las produce.

En cada uno de los rincones del país, habitan manos extraordinarias. México es sin duda un gran representante de la riqueza artesanal en el mundo, somos afortunados al poder palpar todas aquellas texturas de fibras e hilos que encontramos en la indumentaria, observar los magníficos colores vivos del barro policromado o la cartonería, de percibir el olor de la naturaleza como material que se transforma, de contemplar la autenticidad de cada pieza, la unicidad que ellas forman y permitirnos conocer de cerca los procesos, todos llevados a cabo con calma, cuidado y delicadeza.

ARTE. Esferas de vidrio agotado. Altar de Dolores en Museo Internacional del Barroco. Foto: Archivo fotográfico de Daniela Calderón.

El artesano plasma el patrimonio y la memoria, fabrica o esculpe elementos de piedra y madera, ornamenta con flores y motivos naturales los elementos de uso cotidiano, usa el maguey, la palma y el ixtle desde la cocina hasta la vestimenta, aprovechando al máximo su entorno.

Octavio Paz se refirió “las artesanías pertenecen a un mundo anterior a la separación entre lo útil y lo hermoso” y brindan lecciones de sociabilidad, sensibilidad y fantasía; la artesanía es una expresión social que más allá de la técnica y el simbolismo, manifiesta una vida física compartida. Las piezas artesanales como parte del patrimonio cultural dan testimonio de nuestra manera de vivir, reflejan la realidad y el contexto; el patrimonio cultural, soporte clave de la humanidad, conjunta obras tangibles e intangibles que sirven como testimonio y dan sentido de pertenencia a pueblos y naciones.

Puebla, como uno de los estados con mayor riqueza artesanal y de arte popular, nos abre sus puertas a conocer todo ese mundo que lo conforma, detrás de las etnias que habitan en el estado (nahuas, mixtecos, otomíes, popolocas, totonacos, mazatecos y tepehuas) y de sus barrios, se encuentra toda la sabiduría ancestral y la revelación de una cultura dinámica, que se va construyendo día a día. 

Desde el vestuario o atuendo, zarapes o rebozos, instrumentos musicales, utensilios de cocina, elementos de carga y transporte, paisajes impregnados que funcionan como ornato, juguetes de madera, muñecas de trapo, marquetería y cantera, elementos característicos de cada zona del estado que exponen la mano histórica artesanal; Puebla es un nicho de conocimiento adquirido de generación en generación.

Todo municipio de nuestro estado, del telar de cintura de Cuetzalan a las esculturas de ónix de Tecalli de Herrera, de los bordados de Tochimilco y Teyacapan, el teñido de Yahonáhuac, las esferas de Chignahuapan o la alfarería de La Luz, la Talavera (ícono artesanal, reconocida internacionalmente), forma parte de lo que somos y es una ventana para conocernos, conocer nuestro pasado e inventar un futuro. Cada región con características particulares, propias del territorio y los cúmulos de conocimiento tradicional, de la vida que nos rodea.

ARRIBA. Tejedora de Yahonáhuac, proceso de hilado y carcado. Demostración textil, 2021. 

El artesano reinterpreta, activa sus sentidos al realizar su trabajo e imprime su personalidad y talento en cada pieza que elabora, entregan su alma en rituales sagrados donde dejan su sabiduría hasta crear una obra perfecta; en palabras del maestro Pedro Martín “el camino de todo ser humano va de la mano con la madre tierra y todo lo que en ella existe”. 

ABAJO. Proceso artesanal de máscaras de barro policromado, taller de Alfonso Castillo. Izúcar de Matamoros. Fotos: Archivo fotográfico de Daniela Calderón Porter.

La práctica artesanal es leal a su oficio, su trabajo no es solitario ni rígido como en la industria, la jornada laboral se basa en el ritmo de su cuerpo y la sensibilidad de la producción, el medio físico donde se desenvuelve en la mayoría de las veces es común y familiar, sus relaciones laborales se crean de acuerdo con su entorno más cercano, donde la jerarquía no es autoritaria, sino con base en el conocimiento, siendo un modelo de producción basado en la colectividad, que sin duda convendría explorar.

La artesanía es aquella magia entre la funcionalidad y la belleza, producida con el cuerpo desde una ideología específica, una muestra de determinada cultura, sociedad y tiempo, un objeto dispuesto a tener una vida útil, un fragmento de la revolución hacia nuestro interior como comunidad. Martha Turok afirma “los artesanos me han enseñado que se aspira a la perfección, solo después de dominar la técnica, en intenso diálogo con el alma”.

Por Daniela Calderón Porter

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