PANORAMA

Ser incómodo: El ser humano que expresa lo que piensa

Hoy se define como aquella persona que dice lo que piensa. Sobre todo cuando es diferente a la opinión de la mayoría

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Hoy se define como aquella persona que dice lo que piensa. Sobre todo cuando es diferente a la opinión de la mayoría. Foto: Especial

Vivimos en la cultura de la cancelación, en donde un comentario puede ser suficiente para que se le extinga a una persona de un grupo, sociedad y hasta de un trabajo. Llevarle la contraria a la mayoría nunca había sido tan peligroso. Ser auténtico es trabajo de riesgo.

En qué momento caímos en este comportamiento tóxico basado en la vergüenza y el control. Con esta narrativa de no ofender, ser inclusivos y tolerantes, la sociedad se ha convertido en exclusivas e intolerantes haciendo una curaduría constante y detallada del espacio en donde se desenvuelve, para sólo escuchar lo que queremos. Dar una opinión honesta se ha convertido en un verdadero capricho millonario.

Más que nunca hay gente que maneja doble moral, una para su persona pública y otra para su vida personal. Bajo el entendido que hay opiniones que uno guarda para sí mismo y otras que pueden poner en riesgo la integridad física, debiéramos ser homogéneos.

Carl Jung decía: “El conocimiento de tu propia sombra es el mejor método para hacerle frente a las tinieblas de otras personas”. Pero en la sociedad de hoy se la reprime y esconde, al grado que cuando sale a flote, no sabemos qué hacer y por lo tanto cancelamos a la persona dueña de la sombra. Lo sano es conocerla y convivirla.

Robert Greene dice: “Se paga un precio más alto por ser demasiado lindos y respetuosos que por sacar nuestra sombra”. La opinión de los demás debe dejar de ser tan importante. “ El poder se encuentra en reafirmar lo que te hace único aunque ofenda a algunas personas”, proclama Greene. Hay veces que es necesario ofender, defender sobre todo a personas sin valores o que tratan de traicionarte.

Pienso que para las generaciones de 40 años para arriba este tema nos cuesta mucho trabajo, pues fuimos educados de una forma más frontal, confrontativa, y nos enseñaron a ver el estrés como un aliado que te hace mover, crear y crecer. Y digo: creo. A los más jóvenes les cuesta la confrontación, prefieren desaparecer el problema, cancelarlo, meterlo en un cajón. El llevarte con personas que tienen diferentes opiniones y puntos de vista, pero sobre todo que se atrevan a expresarlos.

En un mundo donde todo puede resultar ofensivo, la gente es muy sensible a tonos de voz, vibras, energía, y en donde el estrés es visto como el coco, llevar a cabo trabajos en donde existen deadlines resulta un reto.

El decir la verdad es incómodo pero disruptivo, a veces es lo que se necesita para echar a andar el motor. Los líderes no siempre son populares ni moneditas de oro, pero crean, cambian, hacen que las cosas sucedan. Piensa en los grandes movimientos históricos, si hubieran estado preocupados en lo que los demás pensaran de ellos, jamás hubieran sucedido.

En 20 años de carrera he entrevistado y conocido a mucha gente excepcional. Todos tienen algo en común: tuvieron una visión y no se detuvieron a pensar que si les resultaba incómoda a los demás. Tuvieron el valor de seguirla. Salieron y lo hicieron posible, a pesar de la opinión popular. Lo importante aquí es rescatarnos a nosotros mismos de seguir en este abismo tóxico.

*l La cultura de cancelación se ha explotado en las redes sociales.

POR BRENDA JAET
MAAZ