Leo con asombro el nuevo libro de Wendy Brown: Tiempos nihilistas. Pensando con Max Weber. Brown (como lo hizo en su anterior Deshaciendo el Demos), se encuentra en el presente y sus tensiones filosóficas. Explora el nihilismo omnipresente que, según argumenta, está corroyendo tanto la esfera política como la académica en la actualidad. Inspirándose en las Lecciones sobre la vocación de Max Weber, Brown ofrece un análisis matizado sobre cómo el nihilismo ha llevado a la devaluación de los valores, la hiperpolitización de diversas áreas de la vida y la trivialización de conceptos profundos.
Brown sostiene que la erosión de la autoridad religiosa a lo largo de los siglos, junto con la incapacidad de la ciencia y la razón para proporcionar sistemas alternativos de valores, ha desembocado en una crisis donde los valores son personalizados, politizados e instrumentalizados. Este fenómeno, argumenta, ha convertido la política en un escenario para demagogos y ha transformado las instituciones académicas en campos de batalla ideológicos.
En una entrevista para The Nation, Brown observa: "El nihilismo genera rupturas en los límites y lo hiperpolitiza todo. Hoy en día, las iglesias, las escuelas y la vida privada están politizadas”. Esas rupturas son las que nos tienen en vilo, con una crisis constitucional ya anunciada en Estados Unidos y con fuertes movimientos hacia la ultraderecha e incluso el fascismo.
Al volver a las conferencias de Weber, Brown reexamina su distinción entre los ámbitos de la ciencia y la política. Weber sostenía que, mientras la ciencia se ocupa de los hechos, la política pertenece al dominio de los valores. Brown se involucra críticamente con esta separación y sugiere que, en nuestro contexto actual, tal dicotomía podría no ser sostenible. Argumenta la necesidad de replantear esta relación, proponiendo que tanto los académicos como los políticos deben navegar entre hechos y valores para abordar los desafíos que plantea el nihilismo contemporáneo.
Algunos críticos han elogiado el trabajo de Brown por su análisis perspicaz y su relevancia oportuna. Kieran Setiya señala que la aproximación de Brown a Weber proporciona perspectivas duraderas sobre los dilemas de la política y la academia modernas. De manera similar, Samuel Moyn califica el libro como una meditación exquisita que expone con efectividad las corrientes nihilistas que subyacen en las problemáticas sociales actuales.
Sin embargo, algunos académicos cuestionan hasta qué punto las perspectivas de Weber, formuladas a inicios del siglo XX, pueden aplicarse directamente a los problemas contemporáneos. Argumentan que, si bien Brown traza paralelismos con destreza, las condiciones únicas de la política y la academia de hoy podrían requerir marcos teóricos nuevos, más allá de los ofrecidos por Weber. También examina la relevancia de la distinción weberiana entre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad en el contexto político actual.
Weber argumentaba que los políticos deben equilibrar sus convicciones personales con las consecuencias prácticas de sus acciones. Brown retoma esta dualidad para analizar cómo los líderes contemporáneos, enfrentados a un panorama nihilista, pueden navegar entre principios firmes y la necesidad de decisiones pragmáticas. Esta reflexión es especialmente pertinente en una era donde las políticas identitarias y las lealtades partidistas a menudo eclipsan el debate racional y la deliberación ética.
Brown profundiza en la noción de desencanto propuesta por Weber, explorando cómo la racionalización y la burocratización de la sociedad moderna han despojado al mundo de su magia y significado intrínseco. Ella argumenta que este proceso no solo ha afectado a la esfera política, sino también a la académica, donde la búsqueda de conocimiento se ve cada vez más instrumentalizada y desprovista de propósito. Al confrontar este desencanto, Brown insta a una reevaluación de cómo las instituciones educativas y políticas pueden recuperar un sentido de misión y valor en tiempos nihilistas.
Este libro, tan relevante hoy en día nos ofrece entonces una reflexión profunda sobre los desafíos de nuestra época. El análisis de Brown sobre la obra de Weber invita a los lectores a evaluar críticamente el estado actual de los valores en la política y la academia, instando a reconsiderar cómo podríamos recuperar la profundidad y la integridad en ambos ámbitos. En medio de la incertidumbre y la crueldad tenemos que leer con atención libros como este que nos obliguen a reflexionar y actuar.
POR PEDRO ÁNGEL PALOU
COLABORADOR
@PEDROPALOU
MAAZ