La batalla por el predominio tecnológico entre EU y China tiene múltiples escenarios, pero el más trascendente y que habrá de definir la prevalencia de alguna de las dos superpotencias en el siglo XXI, se concentra en el mercado de los semiconductores o microchips.
Los chips son esenciales para el funcionamiento de prácticamente todos nuestros dispositivos tecnológicos; su producción es difícil, costosa e implica una compleja ingeniería cuyas patentes se concentran principalmente en Silicon Valley, mientras los centros de producción más avanzados están en Taiwán y Países Bajos. La competencia por los chips entre EU y China crece día a día, hasta el punto de que transforma ya las relaciones comerciales y las cadenas de suministro globales. En mi opinión, lo más importante que se ha publicado hasta la fecha en torno a esta gran batalla es el libro de Chris Miller, La guerra de los chips: la gran lucha por el dominio mundial, que recibió el premio sobre el mejor libro de negocios, otorgado por el Financial Times en 2022.
Este libro explica una industria muy complicada de manera entendible para el público; un relato apasionante de la batalla que se ha prolongado por décadas para controlar lo que se ha convertido en el recurso más crítico del mundo. Hoy, como revela Miller, China, que gasta más dinero cada año en importar chips que en importar petróleo, invierte mucho en una iniciativa de fabricación de chips para alcanzar a Estados Unidos y reducir su dependencia de Silicon Valley y de Taiwán.
Uno de los capítulos muestra la gran complejidad de la produ-microchips, explicando lo que hacen empresas como la holandesa ASML, cuyos sistemas de litografía de nanochips son tan precisos que “podrían utilizarse para apuntar un láser y golpear una pelota de golf a una distancia tan lejana como la Luna”. La industria se ha vuelto tan grande y compleja que ninguna empresa o país puede hacerlo todo por sí solo, según Miller. Nos recuerda también cómo Japón amenazó la supremacía estadounidense en materia de semiconductores durante la década de 1980 y todavía hoy desempeña un papel importante. Las cadenas de suministro se diversificaron y se extendieron por el Pacífico, y Taiwán y Corea se convirtieron en productores importantes, impulsados por incentivos gubernamentales.
Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC) se ha convertido en el principal fabricante por contrato de semiconductores y produce más del 90 por ciento de los chips más avanzados del mundo. Lo que recuerda la importancia estratégica del estrecho de Taiwán y lo que una nueva crisis en la zona podría significar para la paz y estabilidad global, así como para las cadenas de suministro de esta tecnología crucial. Entre 2015 y 2017, cuando el gobierno estadounidense sanciona a las empresas tecnológicas chinas ZTE y Huawei, se evidenció que China dependía cien por ciento de los semiconductores importados de un puñado de países, y que todas sus importaciones de chips avanzados requerían tecnología estadounidense para su producción.
POR CARLOS DE ICAZA
EMBAJADOR EMÉRITO. EXSUBSECRETARIO DE RELACIONES EXTERIORES
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