MISIÓN ESPECIAL

CELAC: entre la diplomacia y la grilla

Eso sucede cuando la política exterior se vuelve rehén de prioridades de política interna

OPINIÓN

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Martha Bárcena Coqui / Misión Especial / Opinión El Heraldo de México

Un diplomático sabe que defender y proteger a su país y a su presidente en las procelosas aguas de la política internacional es su prioridad.

La organización de “cumbres” es un reto. Requiere equilibrar las prioridades del país sede y los intereses de los Estados participantes. Demanda tener objetivos claros y manejar expectativas. El protagonista debe ser el jefe de Estado anfitrión de la Cumbre. Ostentar la presidencia de un mecanismo conlleva preparación, habilidad para prever escenarios y limar confrontaciones.

En la organización y celebración de la pasada VI Cumbre de Celac fallaron todos estos aspectos.

Primero. Organizar la Cumbre inmediatamente después de las celebraciones del 16 de septiembre fue desatinado. Durante dos días, México dio visibilidad a un solo tema, el embargo, y un jefe de Estado extranjero por encima de otros participantes.

Segundo. No se explicó a la opinión pública qué es y cómo funciona la Celac, ni se estudiaron sus antecedentes. De hacerlo, se habría sabido el rol central del expresidente Calderón en su creación y cómo Cuba ha intentado desde su fundación manejar dicho mecanismo a su favor en su enfrentamiento con Estados Unidos. También se hubiera explicado que el país anfitrión invita a todos los miembros de Celac, independientemente de su sistema político y de que varios no reconocen a Maduro como presidente de Venezuela.

Tercero. La cancillería equivocó y sobrevendió expectativas. La idea central de los discursos del presidente López Obrador ante la Celac fue buscar un proyecto de integración económica del continente que incluya a Estados Unidos, Canadá y Brasil.

En cambio, la cancillería y el secretario Ebrard enfatizaron la propuesta de desaparecer la OEA. Idea que carecía del apoyo de muchos países latinoamericanos y caribeños, hasta llegar al rechazo. Estos temas se planchan, antes de socializarlos en medios. Prevaleció la grilla interna por encima de la política exterior.

La reunión debió centrarse en el Plan de Trabajo difundido por la cancillería. Porque ahí estaban las prioridades: salud, acceso a vacunas, recuperación económica, cambio climático, financiamiento, etc.

Y esos fueron los temas que abordaron la mayoría de los participantes. López Obrador apenas ayer en la mañanera destacó los acuerdos en salud como un logro.

¿Para qué distraer la atención en temas que no tenían viabilidad? Afortunadamente, el Presidente pudo constatar cuáles son los temas prioritarios para sus pares. Se hizo evidente la falta de una comunicación fluida entre el Presidente y la SRE.

La Celac era una oportunidad de concertar una posición común frente a la COP26 de cambio climático y la de biodiversidad, así como en instituciones financieras para garantizar acceso a créditos para países de ingreso medio en la recuperación económica.

Las equivocadas expectativas manejadas por la cancillería no se cumplieron, y de ahí la percepción de derrota y fracaso. Los acuerdos adoptados se perderán en los archivos.

La Cumbre evidenció la división imperante en la región y México abonó a profundizarla. La cancillería mexicana se volvió rehén de las agendas de Cuba y Venezuela.

La respetada diplomacia mexicana estuvo ausente. Algunos tuvieron efímero momento de gloria en los medios y las fotografías.

Una oportunidad desperdiciada. Un Presidente a quien sus subordinados no cuidaron. Una política exterior de Estado cada vez más lejana. 

POR MARTHA BÁRCENA COQUI
MARTHA.BARCENA@ELHERALDODEMEXICO.COM 
@MARTHA_BARCENA

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