MISIÓN ESPECIAL

Dalí y México desde la distancia

Hay ocasiones que desde la distancia se aprecia mejor la interacción de nuestro país y de los mexicanos con artistas universales

OPINIÓN

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Martha Bárcena Coqui / Misión Especial / Opinión El Heraldo de México

Visité en Cataluña dos lugares relevantes en la vida y obra de Salvador Dalí, el gran pintor surrealista. Su ciudad natal, Figueras, donde se encuentra su museo+Teatro, y después Portlligat, poblado en el Cabo de Creus, el punto más oriental de España.

Me gusta buscar, a donde voy, los vínculos con México, y quería encontrar los de Dalí con nuestro país. Y, aunque lejanos, los hay.

En 1929, Dalí invitó a su casa en Figueras a Federico García Lorca y a Luis Buñuel, sus compañeros en la Residencia de Estudiantes en Madrid. 

En una placa conmemorativa se recuerda que el guion de la película Un perro andaluz, considerada una obra maestra del surrealismo, fue escrito durante esa visita. Buñuel describe en sus memorias la interacción entre ambos artistas.

“Pasando la Navidad con Salvador Dalí en Figueras, le dije que quería hacer una película con él. Teníamos que buscar el argumento. Dalí me dijo: yo anoche soñé con hormigas que pululaban en mis manos. Y yo: hombre, pues yo he soñado que le seccionaba el ojo a alguien. Ahí está la película, vamos a hacerla. En seis días escribimos el guion. Estábamos tan identificados que no había discusión. Escribíamos acogiendo las primeras imágenes que nos venían al pensamiento y, en cambio, rechazando todo lo que viniera de la cultura o de la educación”. 

Buñuel llegó a México años después, se naturalizó mexicano y filmó otra de sus obras maestras: Los olvidados. Vivió en la cerrada de Félix Cuevas no. 27, en la colonia del Valle de la Ciudad de México, desde 1952 hasta su muerte. 

Tan pronto se divisa la pequeña bahía de Portlligat y la casa blanca de Dalí al lado del mar, se comprende su obra. La luz del puerto, sus calas, playas y montañas se reflejan en las obras del gran artista. Es una casa extraña, construida en diferentes etapas. A la entrada hay un oso polar disecado que, dicen, fue un regalo de Edward James, el inglés que construyó el jardín surrealista de Xilitla, en la Huasteca Potosina.

También tres cisnes disecados, como los que aparecen en los retratos de Gala. Hay libreros por todas partes, en los cuales, desgraciadamente, ya no están los tomos originales.

La casa tiene un jardín en terrazas y áreas externas e internas bien diferenciadas. Una de las más peculiares es la Sala Oval, espacio para Gala, con una acústica especial, reverberante. Fue construida en 1961, basada en un diseño que Dalí había hecho para una discoteca en Acapulco con forma de erizo de mar.

Una búsqueda por internet me llevó a un artículo de Reforma en el que se mencionaba que el diseño original de la discoteca se había hecho para un hotel en Acapulco, a petición del hotelero César Balsa. 

La discoteca, de nombre Dalinait, no se construyó, ni Dalí visitó México. Al salir, en un cuarto tapizado de fotografías, destaca una de Dalí con Dolores del Río.

México y los mexicanos tenemos vínculos aún en los lugares más inesperados: el cine, el ocio, el arte, Buñuel, Dalí.

POR MARTHA BÁRCENA COQUI
MARTHA.BARCENA@ELHERALDODEMEXICO.COM 
@MARTHA_BARCENA

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